miércoles, 30 de marzo de 2011

Benedicto XVI, un Papa “incómodo”: Entrevista a Stefano Fontana, autor de un libro sobre este tema

Benedicto XVI, un Papa “incómodo”:
Entrevista a Stefano Fontana, autor de un libro sobre este tema
Antonio Gaspari


ROMA, lunes, 21 de marzo de 2011 (ZENIT.org). “Estoy seguro que en cualquier parte del mundo hay aún un lugar para Dios”. Es lo que se lee en el libro “La Edad del Papa «incómodo»” escrito por Stefano Fontana, publicado por Cantagalli con la colaboración y contribución de la Fundación “Magna Carta”.

Stefano Fontana es director del Observatorio internacional Cardenal Van Thuân (dedicado a promover la Doctrina Social de la Iglesia), consultor del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz, director del semanario diocesano de Trieste “Vita Nuova”.

En la premisa al libro Fontana explica que “La Edad del Papa «incómodo»” recoge 100 etapas de un catolicismo post ideológico; son tres años de artículos publicados en los diarios online, ‘El Occidental’, situaciones que van desde el secuestro del padre Giancarlo Bossi en Filipinas a la cuestión de los sacerdotes pedófilos, la ante sala de los Gentiles, el referéndum sobre los minareti y la admisibilidad del burqa.

“No es una relectura a la moda”, subraya el autor, quien hace una precisión: “Yo soy un católico que todavía escucha al Papa”.

Fontana confiesa: “Nunca me han apasionado los mesianismos sin Dios, ni las nuevas religiones del ecologismo, del pacifismo, del tercermundismo y de la disminución, tienen sabor a idolatrías. Amo los pocos ‘principios no negociables’ que una vez más se me imponen en el ser capaz de decir sì, sì, o no, no, sin vacilaciones y otras tantas distinciones”.

“Cuando no llego a comprender en profundidad la complejidad de ciertas cosas – dice el autor – escucho lo que me dice la Iglesia, y me fio. No soy un católico adulto, siento la necesidad de ser guiado. Pienso que el Evangelio vale más que la Constitución”.

Según Fontana, “el hombre se refleja en el rostro de Cristo, se ve mejor a sí mismo y encuentra la confirmación de lo humano de la religión cristiana. La Iglesia sirve al mundo, propiamente es por esto que lo debe ayudar a ver en profundidad su propia verdad, y no puede hacerlo sin mostrar la verdad de Cristo”.

ZENIT lo entrevistó.


-¿Por qué este Papa es “incómodo”?

Fontana: se han escrito diversos libros en estos últimos meses tratando de explicar por qué este Papa es “incómodo”. Han puesto en evidencia diversas motivaciones, pero el motivo principal, a mi parecer, es: confirmar que el cristianismo es la religión verdadera; este Papa provocó dos consecuencias que dividen: la primera es interpelar el mundo para que se haga preguntas acerca de su propia verdad; la segunda es querer para la religión cristiana un roll público. Se trata de dos peticiones exigentes que muchos sectores, sea del mundo que de la Iglesia, se esfuerzan por aceptar y se oponen frecuentemente de manera abierta.

Presentar el cristianismo como verdad conlleva reconocer que el mundo está llamado a hacer de nuevo cálculos con la verdad propia, la provocación se acepta laicamente pero no se mueve fideistamente o ideológicamente, de hecho, con el tema de la verdad en cuanto tal, después de lo que muchas filosofías han dicho, continúan diciendo, que la verdad no existe. Esto cuesta un gran esfuerzo y por eso el Papa es “incómodo”. Pedir al mundo después que reconozca un roll público al cristianismo en cuanto portador de una verdad indispensable para la convivencia social, pedir un lugar para Dios en el mundo, enfrentarse con una visión consolidada de la convivencia social es una política que se priva de fundamentos absolutos.

Es difícil y doloroso convertir una mentalidad tan difundida y por esto el Papa es “incómodo”. “Incómodo” también al interno de la Iglesia; los dos puntos que expuse también fueron presentados a propósito por el pensamiento de muchos católicos. El Papa Benedicto XVI predica dos cosas: que Dios es amor y que es verdad. Él es “incómodo” sobre todo por la segunda afirmación. El mundo, en efecto, acepta en cualquier modo que el cristianismo anuncia una verdadera propuesta con amor, pero no acepta que proponga un amor respetuoso de la verdad.


-¿Cuáles son los temas y los argumentos propuestos por el Papa Benedicto XVI que más chocan con las ‘modas’ que parecen prevalecer en el mundo?

Fontana: piénsese por ejemplo a todos los así llamados “principios no negociables”. Ellos son opuestos – repito, no solamente en el mundo sino también en la Iglesia – por dos motivos que nos vuelven a llevar a lo que ya dije, respondiendo a la primera pregunta. El primer motivo es que la sociedad actual retiene que no existe nada de “no negociable”, es decir nada de verdadero o falso, bien o mal, en absoluto. El segundo motivo es que para que sean principios “no negociables” debe tener un lugar para Dios en el mundo. Sin Dios todo es negociable. Por este motivo los “principios no negociables” de la vida, de la familia, de la libertad de educación, aparecen continuamente como terrenos de “incomodidad” de este Papa.

Después, naturalmente, hay motivos más específicos. El tema de la liturgia, por ejemplo, el de la evaluación del Concilio Vaticano II, del uso del preservativo en la lucha contra el Aids o el tema de las mujeres-sacerdotes. En fin, todos estos temas más específicos, pueden conducir a los ya expuestos. La lógica del mundo quisiera impedir a la lógica de la Iglesia existir y quisiera que también ella se uniformara con la lógica del mundo. ¿Existe igualdad de derechos entre los hombres?, ¿Por qué una mujer no tiene nunca derecho a ser sacerdote?, ¿Existe el derecho a la libertad?, ¿Y por qué entonces nunca se podrá procrear como se quiere?, ¿La democracia no es un valor?. Aún más todavía, ¿por qué no puede haber una democracia litúrgica con las comunidades particulares que inventan su propia liturgia?. Como se observa, el mundo no acepta que la religión cristiana experimente una verdad y quisiera extender a ella la verdad del mundo. Pero el Papa dice ciertamente lo contrario. No para negar la verdad natural, sino para decir que ella privada de la luz sobrenatural también se pierde por el camino. Entonces es comprensible que este Papa, mientras que con la suavidad que lo caracteriza, toca todos los nervios del mundo, también los toca en muchos sectores de la Iglesia.


-Es muy difundida la idea que la Iglesia Católica es moralista y bonista, pero en su libro usted sostiene otra idea de Iglesia. ¿Puede explicarla?

Fontana: ya sea el moralismo que el bonismo, la gente no tiene en cuenta la verdad que, como ya dije, es el principal mensaje de este Papa. Se piensa frecuentemente en una Iglesia solamente caritativa sin verdad, pastoral sin doctrina. Pero no debe ser así. Basta que uno hable de “ética” e inmediatamente los católicos lo apoyan. Vamos despacio… ¿de qué ética se trata?, ¿Cuál antropología está detrás de esas propuestas?, ¿Qué se piensa acerca de los principios no negociables?. Lo mismo se dice acerca del desarrollo, de la paz, de la salvaguardia del ambiente. Frecuentemente se trata de formas de solidaridad sin verdad y, por consiguiente, deshumanizadoras. Precisamente en estos días algunos están empeñados en contrastar la compatibilidad entre la tesis de la disminución de Serge Latouche, y lo que dice la encíclica Caritas in Veritate. Se trata de dos impostaciones completamente diversas, pero para muchos católicos la disminución y el después del desarrollo son auténticamente cristianos sólo porque hablan de justicia, de igualdad y de sobriedad. Yendo en profundidad se ve que no es así. El mundo es amado, pero propiamente porque es amado es también llamado nuevamente a la verdad propia. El bonismo es un amor sin verdad, que sin embargo no es amor sino instrumentalización del otro, o sea moralismo.


-Usted dice que el Evangelio por sí sólo no basta para hacer comprender el flujo revolucionario del cristianismo. Usted sostiene la validez de las enseñanzas del Magisterio y la necesidad de la dimensión pública de la Iglesia. ¿Puede explicarnos por qué?

Fontana: “El Evangelio basta” frecuentemente es un slogan utilizado por algunos “católicos”. Se sabe sin embargo que el Evangelio (o la Palabra) es inseparable de la Tradición (que, entre otros, anticipó cronológicamente el Evangelio escrito) y del Magisterio de la Iglesia. Las tres dimensiones forman la única realidad del depositum fidei, es decir en el cual los católicos creemos. Estas tres tienen un significado cristológico: creer en Jesucristo es creer en la unidad inseparable de las tres dimensiones. Cuando se apela al espíritu del Evangelio contra la Iglesia, o cuando se apela a personajes proféticos que sin embargo dicen sistemáticamente cosas contrarias a cuanto enseña el Papa, o cuando se hace recurso a un espíritu del Concilio en contraste con cuanto la Iglesia enseña sobre el Concilio, no se respeta la verdad de la Iglesia y se hace imposible una presencia pública de la religión católica. Inevitablemente esta viene privatizada y espiritualizada y no puede expresar adecuadamente la ayuda que puede y debe dar para la construcción de la comunidad social y política.








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