martes, 31 de agosto de 2010

“He resistido, con lo mejor de mis fuerzas, al espíritu del liberalismo en la religión”

“He resistido, con lo mejor de mis fuerzas, al espíritu del liberalismo en la religión”


El 12 de mayo de 1879, el entonces Padre Newman acudió a Roma para recibir el “biglietto” que le anunciaba que el Papa León XIII había decidido elevarlo a la dignidad cardenalicia. En ese entonces, pronunció un memorable discurso que ahora publicamos, tomándolo de la traducción ofrecida por la revista Humanitas. Sorprende, de modo especial, la actualidad de las palabras pronunciadas por el futuro beato.


Le agradezco, Monseñor, la participación que me hecho del alto honor que el Santo Padre se ha dignado conferir sobre mi humilde persona. Y si le pido permiso para continuar dirigiéndome a Ud., no en su idioma musical, sino en mi querida lengua materna, es porque en ella puedo expresar mis sentimientos, sobre este amabilísimo anuncio que me ha traído, mucho mejor que intentar lo que me sobrepasa.

En primer lugar, quiero hablar del asombro y la profunda gratitud que sentí, y siento aún, ante la condescendencia y amor que el Santo Padre ha tenido hacia mí al distinguirme con tan inmenso honor. Fue una gran sorpresa. Jamás me vino a la mente semejante elevación, y hubiera parecido en desacuerdo con mis antecedentes. Había atravesado muchas aflicciones, que han pasado ya, y ahora me había casi llegado el fin de todas las cosas, y estaba en paz. ¿Será posible que, después de todo, haya vivido tantos años para esto?. Tampoco es fácil ver cómo podría haber soportado un impacto tan grande si el Santo Padre no lo hubiese atemperado con un segundo acto de condescendencia hacia mí, que fue para todos los que lo supieron una evidencia conmovedora de su naturaleza amable y generosa. Se compadeció de mí y me dijo las razones por las cuales me elevaba a esta dignidad. Además de otras palabras de aliento, dijo que su acto era un reconocimiento de mi celo y buen servicio de tantos años por la causa católica, más aún, que creía darles gusto a los católicos ingleses, incluso a la Inglaterra protestante, si yo recibía alguna señal de su favor. Después de tales palabras bondadosas de Su Santidad, hubiera sido insensible y cruel de mi parte haber tenido escrúpulos por más tiempo.

Esto fue lo que tuvo la amabilidad de decirme, ¿y qué más podía querer yo?. A lo largo de muchos años he cometido muchos errores. No tengo nada de esa perfección que pertenece a los escritos de los santos, es decir, que no podemos encontrar error en ellos. Pero lo que creo poder afirmar sobre todo lo que escribí es esto: que hubo intención honesta, ausencia de fines personales, temperamento obediente, deseo de ser corregido, miedo al error, deseo de servir a la Santa Iglesia, y, por la misericordia divina, una justa medida de éxito. Y me alegra decir que me he opuesto desde el comienzo a un gran mal. Durante treinta, cuarenta, cincuenta años, he resistido con lo mejor de mis fuerzas al espíritu del liberalismo en religión. ¡Nunca la Santa Iglesia necesitó defensores contra él con más urgencia que ahora, cuando desafortunadamente es un error que se expande como una trampa por toda la tierra!. Y en esta ocasión, en que es natural para quien está en mi lugar considerar el mundo y mirar la Santa Iglesia tal como está, y su futuro, espero que no se juzgará fuera de lugar si renuevo la protesta que hecho tan a menudo.

El liberalismo religioso es la doctrina que afirma que no hay ninguna verdad positiva en religión, que un credo es tan bueno como otro, y esta es la enseñanza que va ganando solidez y fuerza diariamente. Es incongruente con cualquier reconocimiento de cualquier religión como verdadera. Enseña que todas deben ser toleradas, pues todas son materia de opinión. La religión revelada no es una verdad, sino un sentimiento o gusto; no es un hecho objetivo ni milagroso, y está en el derecho de cada individuo hacerle decir tan sólo lo que impresiona a su fantasía. La devoción no está necesariamente fundada en la fe. Los hombres pueden ir a iglesias protestantes y católicas, pueden aprovechar de ambas y no pertenecer a ninguna. Pueden fraternizar juntos con pensamientos y sentimientos espirituales sin tener ninguna doctrina en común, o sin ver la necesidad de tenerla. Si, pues, la religión es una peculiaridad tan personal y una posesión tan privada, debemos ignorarla necesariamente en las interrelaciones de los hombres entre sí. Si alguien sostiene una nueva religión cada mañana, ¿a ti qué te importa?. Es tan impertinente pensar acerca de la religión de un hombre como acerca de sus ingresos o el gobierno de su familia. La religión en ningún sentido es el vínculo de la sociedad.

Hasta ahora el poder civil ha sido cristiano. Aún en países separados de la Iglesia, como el mío, el dicho vigente cuando yo era joven era: “el cristianismo es la ley del país”. Ahora, en todas partes, ese excelente marco social, que es creación del cristianismo, está abandonando el cristianismo. El dicho al que me he referido se ha ido o se está yendo en todas partes, junto con otros cien más que le siguen, y para el fin del siglo, a menos que interfiera el Todopoderoso, habrá sido olvidado. Hasta ahora, se había considerado que sólo la religión, con sus sanciones sobrenaturales, era suficientemente fuerte para asegurar la sumisión de nuestra población a la ley y al orden. Ahora, los filósofos y los políticos están empeñados en resolver este problema sin la ayuda del cristianismo. Reemplazarían la autoridad y la enseñanza de la Iglesia, antes que nada, por una educación universal y completamente secular, calculada para convencer a cada individuo que su interés personal es ser ordenado, trabajador y sobrio. Luego, para el funcionamiento de los grandes principios que toman el lugar de la religión, y para el uso de las masas así educadas cuidadosamente, se provee de las amplias y fundamentales verdades éticas de justicia, benevolencia, veracidad, y semejantes, de experiencia probada, y de aquellas leyes naturales que existen y actúan espontáneamente en la sociedad, y en asuntos sociales, sean físicas o psicológicas, por ejemplo, en el gobierno, en los negocios, en las finanzas, en los experimentos sanitarios, y en las relaciones internacionales. En cuanto a la religión, es un lujo privado que un hombre puede tener si lo desea, pero por el cual, por supuesto, debe pagar, y que no debe imponer a los demás ni permitirse fastidiarlos.

El carácter general de esta gran apostasía es uno y el mismo en todas partes, pero en detalle, y en carácter, varía en los diferentes países. En cuanto a mí, hablaría mejor de mi propio país, que sí conozco. Creo que allí amenaza con tener un formidable éxito, aunque no es fácil ver cuál será su resultado final. A primera vista podría pensarse que los ingleses son demasiado religiosos para un movimiento que, en el continente, parece estar fundado en la infidelidad. Pero nuestra desgracia es que, aunque termina en la infidelidad como en otros lugares, no necesariamente brota de la infidelidad. Se debe recordar que las sectas religiosas que se difundieron en Inglaterra hace tres siglos, y que son tan poderosas ahora, se han opuesto ferozmente a la unión entre la Iglesia y el Estado, y abogarían por la descristianización de la monarquía y de todo lo que le pertenece, bajo la noción de que semejante catástrofe haría al cristianismo mucho más puro y mucho más poderoso. Luego, el principio liberal nos está forzando por la necesidad del caso. Considerad lo que se sigue por el mismo hecho de que existen tantas sectas. Se supone que son la religión de la mitad de la población, y recordad que nuestro modo de gobierno es popular. Uno de cada doce hombres tomados al azar en la calle tiene participación en el poder político, y cuando les preguntáis sobre sus creencias representan una u otra de por lo menos siete religiones. ¿Cómo puede ser posible que actúen juntos en asuntos municipales o nacionales si cada uno insiste en el reconocimiento de su propia denominación religiosa?. Toda acción llegaría a un punto muerto a menos que el tema de la religión sea ignorado. No podemos ayudarnos a nosotros mismos. Y, en tercer lugar, debe tenerse en cuenta que hay mucho de bueno y verdadero en la teoría liberal. Por ejemplo, y para no decir más, están entre sus principios declarados y en las leyes naturales de la sociedad, los preceptos de justicia, veracidad, sobriedad, autodominio y benevolencia, a los que ya me he referido. No decimos que es un mal hasta no descubrir que esta serie de principios está propuesta para sustituir o bloquear la religión. Nunca ha habido una estratagema del Enemigo ideada con tanta inteligencia y con tal posibilidad de éxito. Y ya ha respondido a las expectativas que han aparecido sobre la misma. Está haciendo entrar majestuosamente en sus filas a un gran número de hombres capaces, serios y virtuosos, hombres mayores de aprobados antecedentes, y jóvenes con una carrera por delante.

Tal es el estado de cosas en Inglaterra, y es bueno que todos tomemos conciencia de ello. Pero no debe suponerse ni por un instante que tengo temor de ello. Lo lamento profundamente, porque preveo que puede ser la ruina de muchas almas, pero no tengo temor en absoluto de que realmente pueda hacer algún daño serio a la Palabra de Dios, a la Santa Iglesia, a nuestro Rey Todopoderoso, al León de la tribu de Judá, Fiel y Veraz, o a Su Vicario en la tierra. El cristianismo ha estado tan a menudo en lo que parecía un peligro mortal, que ahora debemos temer cualquier nueva adversidad. Hasta aquí es cierto. Pero, por otro lado, lo que es incierto, y en estas grandes contiendas es generalmente incierto, y lo que es comúnmente una gran sorpresa cuando se lo ve, es el modo particular por el cual la Providencia rescata y salva a su herencia elegida, tal como resulta. Algunas veces nuestro enemigo se vuelve amigo, algunas veces es despojado de esa especial virulencia del mal que es tan amenazante, algunas veces cae en pedazos, algunas veces hace sólo lo que es beneficioso y luego es removido. Generalmente, la Iglesia no tiene nada más que hacer que continuar en sus propios deberes, con confianza y en paz, mantenerse tranquila y ver la salvación de Dios. “Los humildes poseerán la tierra y gozarán de inmensa paz” (Salmo 37,11).








lunes, 30 de agosto de 2010

No dejar de buscar nunca la Verdad, a Dios, alienta el Papa Benedicto XVI

No dejar de buscar nunca la Verdad, a Dios, alienta el Papa Benedicto XVI


VATICANO, 25 Ago. 10 (ACI).- En su habitual catequesis de la Audiencia General de este miércoles celebrada en Castel Gandolfo, el Papa Benedicto XVI explicó que, como San Agustín, toda persona está llamada a no dejar de buscar nunca la Verdad, a Dios, sin importar la situación personal en la que se encuentre. Esta tarea se hace más urgente en medio de un mundo que busca imponer la dictadura del relativismo que no responde a las necesidades del corazón humano, explicó.

En la catequesis el Santo Padre exhortó a buscar en los santos a esos "compañeros de viaje" que acompañan en el camino de la vida. "Cada uno debería tener algún santo que le sea familiar, para sentirle cercano en la oración y en la intercesión, pero también para imitarlo". Por ello es necesario conocer más a los Santos, comenzando por aquellos de quienes uno lleva el nombre, leyendo sus vidas y escritos.

Benedicto XVI, señala Radio Vaticano, dijo luego: "estad seguros que se convertirán en buenos guías para amar todavía más al Señor, y en ayuda válida para vuestro crecimiento humano y cristiano. Como sabéis, también yo estoy unido de manera especial a las figuras de algunos Santos: entre ellos, además de San José y San Benito del que llevo el nombre, y a otros, está San Agustín, que he tenido el gran don de conocer, por decirlo de alguna manera, de cerca por medio del estudio y de la oración y que se ha convertido en un buen 'compañero de viaje', en mi vida y en mi ministerio".

Seguidamente puso como ejemplo a San Agustín, quien se caracterizó por "la búsqueda inquieta y constante de la Verdad". Una característica, indicó, actual también en nuestra época en la que parece que el relativismo es paradójicamente la "verdad" que debe guiar el pensamiento, las opciones, los comportamientos. El Santo Obispo de Hipona, dijo el Papa, "es un hombre que no ha vivido jamás superficialmente", no ha buscado la "pseudo-verdad incapaz de dar paz duradera al corazón", sino "aquella Verdad que da sentido a la existencia" y que logra que "el corazón encuentre serenidad y alegría".

"Sabemos que el suyo no fue un camino fácil: pensó encontrar la verdad en el prestigio, en la carrera, en la posesión de cosas, en las voces que prometían felicidad inmediata; cometió errores, atravesó tristezas, afrontó decepciones, pero –y esto es lo importante– no se detuvo nunca, no se conformó con lo que le daba unos destellos de luz; supo mirar en el interior de sí mismo y se dio cuenta, como escribe en sus Confesiones, que esa Verdad, ese Dios que buscaba con todas sus fuerzas, era más íntimo a él que él mismo, le había estado siempre al lado, no le había abandonado, estaba a la espera de poder entrar de manera definitiva en su vida".

San Agustín, prosiguió el Papa, "se dio cuenta que no era él quien había encontrado la Verdad, sino la Verdad que es Dios que le había encontrado". Y precisamente en este camino hacia la verdad es imprescindible el silencio: "las criaturas –escribía San Agustín– tienen que estar en silencio si quieren entrar en el silencio en el que Dios les habla". Por ello, resaltó Benedicto XVI, el mensaje de este santo es hoy más actual que nunca: "a veces se tiene una especie de temor al silencio, al recogimiento, a pensar en las propias acciones, o al sentido profundo de la vida".

"Se prefiere vivir –porque parece más fácil– con superficialidad, sin pensar, es más, se tiene miedo a buscar la Verdad, o quizá se tiene miedo de que la Verdad nos encuentre, nos aferre y nos cambie la vida, como sucedió a san Agustín", agregó.

Finalmente el Papa Benedicto XVI exhortó a los presentes, y con ello a todos los católicos a no dejar nunca de buscar la Verdad: "queridos hermanos y hermanas, querría deciros a todos, incluso a quienes en este momento pasan por dificultades en su camino en la fe, o a quien participa poco en la vida de la Iglesia, o a quien vive como si Dios no existiera, que no tengan miedo de la Verdad, que no interrumpan nunca el camino hacia ella, que no cesen nunca de buscar la verdad profunda sobre sí mismos y sobre las cosas, con los ojos del corazón. Dios nos dona su luz para que veamos el calor que hace sentir el corazón que nos ama y que desea ser amado".

En su saludo en español el Santo Padre se dirigió de manera particular a "los fieles de la Parroquia de Santa María la Mayor, de Andújar, así como a los demás peregrinos venidos de España, México y otros países latinoamericanos. Os invito a que os familiaricéis con la vida y los escritos de los santos, pues os ayudarán a amar cada vez más al Señor y a crecer como personas y como cristianos".



Sólo Dios que es infinito puede llenar el corazón del hombre, dice el Papa Benedicto XVI

Sólo Dios que es infinito puede llenar el corazón del hombre, dice el Papa Benedicto XVI


VATICANO, 22 Ago. 10 (ACI).- En su mensaje a los participantes del 31º encuentro de Rimini del movimiento Comunión y Liberación, el Papa Benedicto XVI resaltó que "quien ha encontrado a Dios, lo ha encontrado todo" pues "las cosas finitas pueden dar algo de satisfacción o alegría, pero sólo lo infinito es capaz de llenar el corazón del hombre".

En su mensaje leído esta domingo al final de la Santa Misa inaugural de este encuentro que se realiza hasta el 28 de agosto, y que lleva la firma del Secretario de Estado, Cardenal Tarcisio Bertone, el Santo Padre recuerda que en el fondo de la naturaleza de todos hombre se encuentra la irreprimible inquietud que le empuja a la búsqueda de alguna cosa que pueda satisfacer este su anhelo.

"El hombre sabe que no puede responder por sí solo a sus propias necesidades". Necesita abrirse al otro, a cualquier cosa o a alguien, que pueda darle aquello que le falta. Debe salir de si mismo hacia aquello que esté a la altura de colmar la amplitud de su deseo.

Según señala la nota de Radio Vaticano, a los participantes del encuentro que lleva como título "Aquella naturaleza que nos impulsa a desear cosas grandes pertenece al corazón", Benedicto XVI advierte que el hombre se ve tentado por las cosas que satisface la inmediatez pero al mismo tiempo tan limitadamente ilusorias, y se refirió al pasaje del Evangelio de las tentaciones de Jesús cuando el diablo insinúa que "el pan" como satisfacción material, puede llenar al hombre.

Esta es una mentira peligrosa, dice el Papa en su mensaje, porque contiene solamente una parte de verdad y Jesús desvela con su respuesta la falsedad de esta posición: "Sólo Dios basta". Él solamente sacia el hambre profunda del hombre, quien ha encontrado a Dios, ha encontrado todo y, citando a San Agustín, ha recordado que "nuestro corazón está inquieto hasta que no descansa en Ti".

"Dios, ha venido al mundo para despertar en nosotros la sed de las 'cosas grandes'. Esto se ve en la página evangélica de inagotable riqueza que narra el encuentro de Jesús con la samaritana del que san Agustín nos ha dejado un comentario luminoso. Aquella mujer como hacia habitualmente fue a sacar agua del pozo de Jacob y se encontró a Jesús sentado, 'cansado del viaje', en el calor del mediodía y después de haberle pedido beber, es Jesús mismo el que le ofrece el agua, no una cualquiera sino una 'agua viva' capaz de aplacar la sed".

El Papa destaca que "Dios tiene sed de nuestra sed de Él, el Espíritu Santo, simbolizado por el 'agua viva' de la que habla Jesús es precisamente aquel poder vital que aplaca la sed más profunda del hombre y le da la vida total, aquella vida que él busca y espera sin conocerla".

Benedicto XVI también se refiere en su mensaje a los discípulos de Emaús que viven ante Jesús la misma experiencia y es también el Señor el que hace "arder el corazón" a los dos discípulos mientras caminaban "con el rostro triste". Los discípulos de Emaús al retomar vida al llegar a casa "insistieron" para que permaneciese con ellos: "Permanece con nosotros Señor". Es la expresión del deseo que palpita en el corazón de todo ser humano. Este deseo de "cosas grandes" debe transformarse en oración.

Los Padres de la Iglesia, prosigue, sostenían que rezar no es otra cosa que cambiarse en deseo vehemente del Señor. En un bellísimo texto San Agustín, continúa Benedicto XVI, define la oración como expresión de deseo y afirma que Dios responde ensanchando nuestro corazón: "A Dios le podemos pedir todo, todo aquello que es bueno. La bondad y la potencia de Dios no conocen límite entre cosas grandes y pequeñas, materiales y espirituales, terrenales y celestiales. En el dialogo con Él -llevando nuestra vida ante sus ojos, aprendemos a desear las cosas buenas, en definitiva, a Dios mismo".

El Papa recordó luego a Mons. Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación cuyo tránsito ocurrió hace cinco años, y recordó que él repetía que sólo Dios es el "camino hacia la realización de los deseos más profundos del corazón del hombre".



jueves, 26 de agosto de 2010

El P. Ignacio Andereggen visita Mar del Plata

El P. Ignacio Andereggen visita Mar del Plata
Desde hoy hasta el domingo


El Pbro. Ignacio Andereggen, Dr. en Filosofía y Dr. en Teología, profesor de la Universidad Gregoriana de Roma y del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma, y de la UCA de Buenos Aires, visita la ciudad de Mar del Plata donde brindará cuatro conferencias según el detalle a continuación.


1.- Jueves 26 de Agosto
“¿Por qué hay que leer a Santo Tomás hoy?”
(19.30 hs en FASTA, Gascón 3145).

2.- Viernes 27 de Agosto,
“Fenomenología, Hermenéutica y Relativismo”
(19.30 hs. en el Multiespacio Cultural El Camino, Av. Luro 4344 – 1º Piso).

martes, 24 de agosto de 2010

El uso de la sotana y la hermenéutica de la continuidad

El uso de la sotana y la hermenéutica de la continuidad


El blog “Eponymous Flower” traduce al inglés un artículo publicado por el sitio web alemán “Kreuz.net”. Dicho artículo recoge las impresiones de un joven sacerdote alemán acerca del uso de la sotana y la hermenéutica de la continuidad. Aquí lo ofrecemos en lengua española.


“Hace algunos años decidí usar la sotana”, dijo un sacerdote de Maguncia, P. Hendrick Jolie, en una entrevista con el sitio web ‘kath.net’.

El Padre Jolie ve la vestimenta sacerdotal en conexión con el enfoque de la “hermenéutica de la continuidad” de Benedicto XVI.

“El Papa sostiene con esta fórmula que no hay ‘dos Iglesias’ – una antes y una después del Concilio, sino la única Iglesia Católica Romana”.

Ésta es también la razón por la que, según el Padre Jolie, el Papa Benedicto XVI ha rehabilitado la Misa antigua y ha explicado el Concilio a la luz de la Tradición.

Cita al Papa: “Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande”.

El Padre Jolie concluye que “en el sentido de la hermenéutica de la continuidad, la sotana no es ni pre- ni post-conciliar”.


Hay que tomar con calma los insultos

La sotana es mucho más apropiada – “y muestra ser muy práctica” – para tener la oportunidad de hacer aparecer la dimensión espiritual de un modo visible en público.

También muestra a los hombres que el sacerdote es “distinto”.

“A menudo esto se pone junto con el ser ‘reaccionario’ o ‘conservador’, y eso lo tomo con calma”.

En realidad, “los sacerdotes que observan junto al Papa Benedicto la hermenéutica de la continuidad no son ni conservadores ni progresistas”.

El Padre Jolie ve en ellos la vanguardia del nuevo clero.


Un triste signo de desobediencia

El sacerdote señala que la ley de la Iglesia requiere que los sacerdotes usen vestimenta sacerdotal, están obligados a ella:

“Por tal razón, si el sacerdote ignora este deber, hay un triste signo de desobediencia y desunión del clero”.

Esto es para el Padre Jolie un signo externo del decaimiento del presbiterio.

Porque “dondequiera que los sacerdotes no están unidos con los demás, tampoco logran estar unidos con sus rebaños”.






jueves, 19 de agosto de 2010

Instaurar todo en Cristo amando profundamente a Dios, exhorta el Papa Benedicto XVI

Instaurar todo en Cristo amando profundamente a Dios, exhorta el Papa Benedicto XVI


VATICANO, 18 Ago. 10 (ACI).- En su habitual catequesis de la Audiencia General de los miércoles, celebrada en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, el Papa Benedicto XVI habló sobre San Pío X, a quien la Iglesia celebra el 21 de agosto. Sobre él, el Santo Padre dijo que los fieles pueden aprender que sólo estando verdaderamente enamorados del Señor, en una profunda unión con Él, se puede llevar a los hombres a Dios para instaurar todo en Cristo.

"El Pontificado de San Pío X ha dejado un signo indeleble en la historia de la Iglesia, caracterizado por un notable esfuerzo de reforma, sintetizada en el lema 'Instaurare Omnia in Christo', renovar todas las cosas en Cristo", dijo el Papa.

En este sentido, señala Radio Vaticano, Benedicto XVI evocó las numerosas iniciativas de un Papa "que cuando fue elegido el 4 de agosto de 1903 no se sentía a la altura". San Pío X reorganizó la Curia Romana, inició los trabajos para la redacción del Código de Derecho Canónico, y la revisión de los estudios y del método de formación de los futuros sacerdotes con la fundación de varios seminarios regionales. Asimismo se ocupó de la formación doctrinal del pueblo de Dios, trabajando para que se lograra elaborar un catecismo único.

"Como auténtico pastor que era había comprendido que la situación de la época, debido al fenómeno de la inmigración, hacía necesario un catecismo al que cada fiel pudiera hacer referencia independientemente del lugar y de las circunstancias de vida. Como Pontífice elaboró un texto de doctrina cristiana para la diócesis de Roma, que se difundió por toda Italia y en el mundo. Este catecismo llamado 'de Pío X' ha sido para muchos una guía segura en el aprendizaje de la verdad de la fe, gracias a un lenguaje sencillo, claro y preciso, y por su eficacia expositiva".

Asimismo, el Papa Benedicto XVI ha recordado la atención de San Pío X por la reforma de la liturgia. "Él afirmaba que el verdadero espíritu cristiano tiene su primera e indiscutible fuente en la participación activa en los Sacramentos, por eso favoreció la frecuencia cotidiana a la Santa Comunión, adelantando la primera comunión de los niños a la edad de 7 años".

El periodo histórico que le tocó vivir, continuó, "le llevó a intervenir condenando el modernismo para defender a los fieles de concepciones erróneas", por lo que en 1909 fundó el Pontificio Instituto Bíblico.

"Queridos hermanos y hermanas, San Pío X nos enseña a todos nosotros que en la base de nuestra acción apostólica, en los varios sectores en los que trabajamos, tiene que haber siempre una íntima unión personal con Cristo, que hay que cultivar y hacer crecer cada día: ésta es la base de toda su enseñanza y de todo su compromiso pastoral. Sólo si nos enamoramos del Señor, seremos capaces de llevar a los hombres a Dios y abrirles a su amor misericordioso y de este modo abrir al mundo a la misericordia de Dios", concluyó.

En su saludo en español, el Santo Padre se dirigió de manera especial a "los peregrinos de la Diócesis de Orihuela-Alicante, de Las Palmas de Gran Canaria, de Rosario, en Argentina, y de otros países latinoamericanos. Os aliento a poner vuestros ojos en el Papa San Pío X. Acogiendo sus enseñanzas, cultivad intensamente la amistad con Cristo y sed testigos de su amor. Que Dios os bendiga".



miércoles, 18 de agosto de 2010

Por amor, Dios pone al alcance de todos la eternidad, dice el Papa Benedicto XVI

Por amor, Dios pone al alcance de todos la eternidad, dice el Papa Benedicto XVI


VATICANO, 15 Ago. 10 (ACI).- Al presidir esta mañana la Eucaristía en la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María en la iglesia parroquial de Santo Tomás de Villanueva en Castel Gandolfo, el Papa Benedicto XVI alentó a trabajar cotidianamente para que el mundo sea de Dios, quien con la Resurrección de Cristo pone al alcance de todos la posibilidad y el don de llegar a la eternidad.

Al iniciar su homilía el Santo Padre, señala Radio Vaticano, recordó que "hoy la Iglesia celebra una de las fiestas más importantes del año litúrgico dedicadas a María Santísima: la Asunción. Al término de su vida terrena, María fue llevada con alma y cuerpo al Cielo, es decir a la gloria de la vida eterna, en la plena y perfecta comunión con Dios".

Tras señalar que en este 2010 la Iglesia celebra además los 60 años del dogma establecido por el venerable Papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950, sobre la Asunción de la Virgen, en la constitución apostólica Munificentissimus Deus, Benedicto XVI explicó que con él "creemos que María, como Cristo su Hijo, ya ha vencido la muerte y triunfa en la gloria celeste en la totalidad de su ser, 'con alma y cuerpo'".

San Pablo, dijo luego, ayuda a comprender este misterio a partir del hecho central de la historia humana: la resurrección de Cristo, de la que se es partícipe a través del Bautismo.

Tras explicar que la victoria sobre la muerte tiene también su raíz en la fe de María, "que es obediencia a la Palabra de Dios y abandono total a la iniciativa y a la acción divina, según cuanto le anuncia el Arcángel", el Papa Benedicto precisó que "hoy no nos limitamos a admirar a María en su destino glorioso, como a una persona muy lejana a nosotros".

"¡No! –exclamó– Estamos llamados al mismo tiempo a ver cuanto el Señor, en su amor, ha querido también para nosotros, para nuestro destino final: vivir a través de la fe en la comunión perfecta de amor con Él y así vivir verdaderamente para siempre".

Luego explicó que la el cielo no se refiere a un lugar físico sino a algo mucho más grande y difícil de definir con los limitados conceptos humanos: "Con este término 'cielo' queremos afirmar que Dios –el Dios que se hizo cercano a nosotros– no nos abandona ni siquiera en la muerte o más allá de ella, sino que tiene un lugar para nosotros y nos da la eternidad, que en Dios hay un lugar para nosotros".

"Para comprender un poco esta realidad miremos nuestra misma vida: todos experimentamos que una persona, cuando está muerta, sigue subsistiendo de alguna manera en la memoria y en el corazón de quienes la han conocido y amado. Podríamos decir que en ellos sigue viviendo una parte de esta persona, pero es como una 'sombra', porque también esta supervivencia en el corazón de los propios seres queridos está destinada a terminar. Dios, en cambio, no pasa jamás y todos existimos en virtud de su amor eterno; existimos porque Él nos ama, porque él nos ha pensado y nos ha llamado a la vida. Existimos en los pensamientos y en el amor de Dios. Existimos en toda nuestra realidad, no sólo en nuestra 'sombra'".

"Nuestra serenidad, nuestra esperanza, nuestra paz se fundan precisamente en esto: en Dios, Él en su pensamiento y en su amor, no sobrevive sólo una 'sombra' de nosotros mismos, sino en Él, en su amor creador, nosotros somos custodiados e introducidos con toda nuestra vida, con todo nuestro ser en la eternidad", añadió.

"Es el amor de Dios el que vence la muerte y nos da la eternidad, y a este amor lo llamamos cielo: Dios es tan grande que tiene un lugar también para nosotros", precisó Benedicto XVI.

"Esto quiere decir que de cada uno de nosotros no seguirá existiendo sólo una parte que nos es, por decirlo de alguna manera, arrancada, mientras otras se arruinan; quiere decir más bien que Dios conoce y ama a todo el hombre, lo que nosotros somos. Y Dios acoge en su eternidad lo que ahora, en nuestra vida, hecha de sufrimiento y amor; de esperanza, de alegría y de tristeza, crece y llega a ser. Todo el hombre, toda su vida es tomada por Dios y en Él purificada, y recibe la eternidad. Queridos amigos, yo pienso que ésta es una verdad que nos debe colmar de alegría profunda".

El Cristianismo, prosiguió el Papa, "no anuncia sólo algún tipo de salvación del alma en un impreciso más allá, en el que todo lo que en este mundo ha sido para nosotros precioso y querido sería borrado con un golpe de esponja, sino que promete la vida eterna, 'la vida del mundo que vendrá': nada de lo que nos es precioso y querido se arruinará, sino que encontrará plenitud en Dios".

Tras alentar a trabajar por "un mundo de Dios", Benedicto XVI alentó a rezar al Señor para que "nos haga comprender cuán preciosa es toda nuestra vida ante sus ojos; refuerce nuestra fe en la vida eterna; nos haga hombres de esperanza, que trabajan para construir un mundo abierto a Dios, hombres llenos de alegría, que saben vislumbrar la belleza del mundo futuro en medio de los afanes de la vida cotidiana y que en esta certeza viven".



viernes, 13 de agosto de 2010

Santidad cotidiana para transformar el mundo, alienta el Papa Benedicto XVI

Santidad cotidiana para transformar el mundo, alienta el Papa Benedicto XVI


VATICANO, 11 Ago. 10 (ACI).- En su habitual catequesis de la audiencia general de este miércoles que presidió en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo ante unas cuatro mil personas, cupo máximo de este recinto, el Papa Benedicto XVI hizo una profunda reflexión sobre el martirio y como este acto constituye expresión total del amor a Dios. Esta entrega de muchos hermanos, explicó, constituye un gran aliciente para luchar por la santidad cotidiana que transforme al mundo.

El Santo Padre recordó al iniciar su catequesis a una serie de mártires de diversas épocas como San Lorenzo, del siglo III; San Ponciano, Papa; el sacerdote San Hipólito; y más recientemente a Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) y San Maximiliano Kolbe, quienes murieron por la fe durante la Segunda Guerra Mundial; a quienes la Iglesia recuerda en estos días.

"¿Dónde se funda el martirio?. La respuesta es simple: en la muerte de Jesús, en su sacrificio supremo de amor, consumado en la Cruz para que pudiéramos tener vida. Cristo es el siervo sufriente del que habla el profeta Isaías, que se ha donado a sí mismo en rescate por muchos. Él exhorta a sus discípulos, a cada uno de nosotros, a tomar cada día la propia cruz y seguirlo en el camino del amor total a Dios Padre y a la humanidad", señaló el Papa.

Con la lógica del grano de trigo que muere en la tierra para dar fruto, continuó Benedicto XVI, "el mártir sigue al Señor hasta el final, aceptando libremente morir por la salvación del mundo, en una prueba suprema de fe y de amor".

La fuerza del martirio, dijo luego el Papa Benedicto, nace "de la profunda e íntima unión con Cristo, porque el martirio y la vocación al martirio no son el resultado de un esfuerzo humano, sino la respuesta a una iniciativa y a una llamada de Dios, son un don de Su gracia, que hace capaces de ofrecer la propia vida por amor a Cristo y a la Iglesia, y así al mundo".

"Si leemos –prosiguió– la vida de los mártires nos quedamos asombrados por la serenidad y el coraje de afrontar el sufrimiento y la muerte: la potencia de Dios se manifiesta plenamente en la debilidad, en la pobreza de quien se confía a Él y pone sólo en Él la propia esperanza".

Es importante subrayar, precisó el Santo Padre, "que la gracia de Dios no suprime o sofoca la libertad de quien afronta al martirio, sino que al contrario la enriquece y la exalta: el mártir es una persona sumamente libre, libre en relación al poder, al mundo, una persona libre, que en un único acto definitivo dona a Dios toda su vida, es un supremo acto de fe, de esperanza y de caridad, se abandona en las manos de su Creador y Redentor, sacrifica la propia vida para ser asociado en modo total al Sacrificio de Cristo en la Cruz".

"En una palabra, el martirio es un gran acto de amor en respuesta al inmenso amor de Dios", destacó.

Tras recordar que probablemente "no estemos llamados al martirio", el Papa advirtió que "ninguno de nosotros está excluido de la llamada divina a la santidad, a vivir en alta medida la existencia cristiana y esto implica tomar la cruz de cada día sobre sí".

Finalmente Benedicto XVI indicó que "todos, sobre todo en nuestro tiempo en el que parecen prevalecer el egoísmo y el individualismo, debemos asumir como primer y fundamental esfuerzo aquel de crecer cada día en un amor más grande a Dios y a los hermanos para transformar nuestra vida y transformar así también nuestro mundo".

En su saludo en español al final de la catequesis, el Santo Padre se dirigió de manera particular a "los grupos de fieles venidos de España, México y otros Países Latinoamericanos" y recordó que "Dios nos llama a todos a la santidad. Nos llama a seguir más de cerca de Cristo, esforzándonos en transformar este mundo con la fuerza del amor a Dios y a los hermanos".

"Fijándonos en el ejemplo de los santos y los mártires, pidamos al Señor que inflame nuestros corazones, para que seamos capaces de amar como Él nos ha amado. Que Dios os bendiga".



martes, 10 de agosto de 2010

Arzobispo denuncia paganismo postcristiano de gente que se dice cristiana

Arzobispo denuncia paganismo postcristiano de gente que se dice cristiana


LA PLATA, 09 Ago. 10 (ACI).- El Arzobispo de La Plata, Mons. Héctor Aguer, denunció en una reciente homilía que el "paganismo postcristiano, practicado fervorosamente por gente que se dice cristiana" es lo que hace que estas personas no se den cuenta de la dimisión de lo humano que se promueve y se difunde cada vez más en la sociedad.

En la Misa que presidió recientemente en el Seminario Arquidiocesano San José con ocasión del Día del Exalumno, el Prelado advirtió sobre "un desliz común hoy día" que consiste en "preocuparse por las consecuencias sociales, culturales y políticas de la fe, sin interrogarse sobre la verdad y la credibilidad de la misma fe, que se da ligeramente por supuesta".

Destacó que "los hombres de la fe estamos en la tierra para predicar la fe, cuyo centro es la muerte y resurrección de Cristo, para esclarecer sus fundamentos y hacer descubrir su armoniosa belleza".

Tras resaltar la importancia de una buena predicación ante los desafíos de la cultura actual inmersa en el activismo, el Arzobispo recordó que ésta también sirve para "rescatar la auténtica humanidad del hombre. Según la tradición católica el hombre no puede observar de forma permanente todos los preceptos de la ley natural sin la ayuda de la gracia; es decir que el contacto redentor con Jesucristo constituye el único medio posible para la plena realización de la existencia humana".

Por eso insistió en que "sin la fe, sin la gracia de la redención, el hombre no alcanza su plena humanidad", tras lo cual denunció que "los reciente lances legislativos, y los que vendrán –según está programado por los que se proponen afianzar la dictadura global del relativismo–, dejan al desnudo la patética descristianización de la Argentina, y sobre todo el vacío intelectual y moral de sus dirigencias".

"La falta de fe de tanta gente bautizada, la profundidad de su ignorancia religiosa y su indiferencia ante el misterio de la salvación, explican que esa gente no pueda percibir el orden natural de la creación y su reflejo en la conciencia; se le escapa, se le oculta la verdadera humanidad del hombre, de la que únicamente resta una caricatura en la religión secular de los derechos humanos. Es una especie de paganismo postcristiano, practicado fervorosamente por gente que se dice cristiana", sentenció el prelado.

La tarea que es necesaria de parte de los sacerdotes, es una misión que se debe realizar, por encargo de Cristo para todos sin excepción. "Se las debe, en primerísimo lugar, a los fieles de su propia parroquia, capilla o capellanía, a los más cercanos y a los reacios; a la buena gente que queda en nuestros barrios y que aunque no se dé plena cuenta de ello espera su plenitud en Cristo", añadió.

Finalmente indicó que "no es trabajo menor", añadió, sino que "requiere empeñar estudio, oración, penitencia, un gran amor comprensivo y paciente, y quizá el testimonio de un martirio moral: la incomprensión, la indiferencia, el repudio y la marginación. Pero a todo eso nos comprometimos y nos expusimos de antemano cuando abrazamos la gloria y la cruz del sacerdocio, y si somos fieles –lo sabemos muy bien– no seremos defraudados en nuestra esperanza".



viernes, 6 de agosto de 2010

Católicos acomplejados - Pablo Cabellos Llorente

Católicos acomplejados
No somos seguidores de una palabra muerta, sino discípulos del Dios vivo
Pablo Cabellos Llorente


Ruego disculpas por titular negativamente. Sólo es un intento de recabar la atención del lector. Es negativo, pero existe hoy día un catolicismo vergonzante, poco valiente, trufado de relativismo, deslumbrado por la ciencia experimental que en ocasiones sólo es base de una teoría no demostrada; dudoso de si trata de vivir algo bueno pero aburridísimo; y arrinconado por un laicismo rampante y viejo, aunque expuesto como dogma imprescindible para la convivencia democrática. Algunos han logrado que en bastantes ambientes no se mencione a Dios ni para despedirse, ni se hable de las preguntas fundamentales en torno al hombre -de dónde vengo, adónde voy, el más allá, la muerte, el sentido de la vida-; muchos se han convencido con el pensamiento de que el cristiano no debe imponer sus ideas -cosa bien cierta-, pero aceptan como obligatorias las anticristianas, que acabamos viendo como lo moderno. Desean ser razonables, pero esconden a Dios o lo pretenden con cabida en sus mentes y actuando como ellos decidan. Nos citan a Galileo y nos callan.

Es imposible abarcar lo que nos acompleja; lo escrito anteriormente son unas pinceladas de lo que podríamos llamar el secuestro de Dios incluso en las mentes y vidas cristianas. Somos prisioneros de unos tópicos bien manejados y con algún fundamento en comportamientos inadecuados para un seguidor de Cristo, pero que en modo alguno invalidan su doctrina ni modo de ser. Podríamos preguntarnos qué es ser católico y cómo se debe mostrar; ir a buscar nuestra quintaesencia y no quitarle ni un pelo por más que seamos débiles. Frágiles, sí, pero sabiendo lo que somos y lo que hemos de vivir, aunque hayamos de rectificar en muchas ocasiones.

Como es sabido, las fuentes de lo revelado por Dios al hombre -ahí se contiene lo que somos- son la Sagrada Escritura y la Tradición custodiadas por el Magisterio de la Iglesia. Lo que Dios ha manifestado de Sí mismo, del hombre y de su destino está en esos dos manantiales, con el natural cuidado de la Providencia para evitar interpretaciones de parte o simplemente erradas. Eso es el Magisterio de la Iglesia: la custodia e interpretación del depósito de la fe, como lo llama muy adecuadamente san Pablo. El cristianismo no es una "religión del libro", sino la religión de la Palabra de Dios, "no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encarnado y vivo", como afirmó san Bernardo.

Volvamos a la pregunta: ¿qué es ser cristiano?. Y lo primero que permanece claro es que no somos seguidores de una palabra muerta, sino discípulos del Dios vivo, que por obra del Espíritu Santo son identificados con ese Verbo encarnado, con Cristo, para ser y actuar como hijos de Dios. Escribe san Pablo a los romanos: "los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios". Y poco más adelante añade que la creación espera ansiosa la manifestación de los hijos de Dios. Esto puede no entenderse o no creerse por carecer del don de la fe, pero un cristiano es otro Cristo -un hijo de Dios en Cristo por la fuerza del Espíritu- al que toda la creación espera con dolores de parto -dice gráficamente el Apóstol- hasta ver a Cristo formado y actuando en cada uno, para que, sin complejos, viva con la mayor honradez posible lo que en verdad es, algo no realizable sin la gracia de Dios y sin la libertad humana. Con esta fuerte razón teológica, afirmó el fundador del Opus Dei: "el que no se sabe hijo de Dios, desconoce su verdad más íntima". Ahí radica la identidad cristiana y de ahí deriva nuestro comportamiento apropiado. El mismo san Josemaría indicaba en una entrevista -recogida en "Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer"- que esa verdad de ser hijo de Dios en Cristo ha de penetrar la vida entera, ha de dar sentido al trabajo, al descanso, a la amistad, a la diversión, a todo. "No podemos ser hijos de Dios sólo a ratos, aunque haya unos momentos dedicados a considerarlo, a penetrarnos de ese sentido de nuestra filiación divina, que es la médula de la piedad". Conocer la verdad no quita libertad, la da. La libertad se pierde en la ignorancia.

Si volvemos a las consideraciones iniciales, comprenderemos que no tiene sentido vivir un catolicismo acomplejado; en todo caso, hemos de moderar el buen complejo de superioridad nacido de lo que realmente somos. Pero no por sentirnos más que nadie, sino por experimentar con sencillez la fuerza de saberse y ser hijo del Padre nuestro que está en los cielos, por la identificación con Cristo operada por el Espíritu Santo, cosa que no sucede de ningún modo mágico: se adquiere por el bautismo, se refuerza en la confirmación, se rehace en la confesión sacramental, se alimenta con la Eucaristía, se vive con las luces y el empuje de la oración, y requiere lucha, empeño constante para vivirlo en todo momento. "Hay que ser conscientes de esa raíz divina, que está injertada en nuestra vida, y actuar en consecuencia" (Es Cristo que pasa, n. 60).



Fuente: Catholic.net



jueves, 5 de agosto de 2010

Eucaristía es el don más grande dejado por Cristo, recuerda el Papa Benedicto XVI

Eucaristía es el don más grande dejado por Cristo, recuerda el Papa Benedicto XVI


VATICANO, 04 Ago. 10 (ACI).- Al presidir la Audiencia General de hoy en la Plaza de San Pedro en medio de un gran ambiente de fiesta y ante una multitud de fieles entre los que se encontraban más de 60 mil monaguillos provenientes de diversos países de Europa, el Papa Benedicto XVI explicó a través del testimonio del joven mártir San Tarcisio, que la "Eucaristía es el don más grande que Jesús nos ha dejado".

En su habitual catequesis, que pronunció en alemán debido a la mayoritaria presencia de niños y jóvenes que hablan esta lengua, el Santo Padre recordó la época en la que él fue también un monaguillo y agradeció a todos quienes han hecho posible este encuentro con él.

Seguidamente expresó su gran alegría por el ambiente festivo que se dio en la Plaza de San Pedro y explicó cómo la vida del patrono de los monaguillos, San Tarcisio, de quien bendijo una imponente estatua de cinco metros de alto que será colocada en las catacumbas de San Calixto, es un ejemplo y un llamado para quienes ayudan en Misa y "para quienes desean seguir a Jesús más de cerca a través de la vida sacerdotal, religiosa y misionera".

"Que todos puedan mirar a este joven valiente y fuerte y renovar así el esfuerzo por la amistad con el Señor mismo para aprender a vivir siempre con Él siguiendo el camino que nos indica con su Palabra y el testimonio de tantos santos y mártires, de los cuales, por medio del Bautismo, nos convirtamos en hermanos y hermanas", alentó.

Seguidamente Benedicto XVI relató cómo San Tarcisio entregó su vida por defender la Eucaristía que llevaba, a su corta edad, aferrada a su pecho para quienes la esperaban, antes que dejar que fuera desacralizada por un grupo de jóvenes paganos que lo golpearon hasta morir. "Moriré antes que entregarla", le había prometido al sacerdote que finalmente había aceptado que el pequeño cristiano portase el Cuerpo de Cristo.

"Queridos amigos y monaguillos, el testimonio de San Tarcisio y esta bella tradición nos enseñan el profundo amor y la gran veneración que debemos tener hacia la Eucaristía: es un bien precioso, un tesoro cuyo valor no se puede medir, es el Pan de la vida, es Jesús mismo que se hace alimento, apoyo y fuerza para nuestro camino de cada día y camino abierto hacia la vida eterna, es el don más grande que Jesús nos ha dejado", explicó el Papa.

Hablando luego a todos los monaguillos y acólitos del mundo, Benedicto XVI exhortó a "servir con generosidad a Jesús presente en la Eucaristía. Es una tarea importante, que os permite estar particularmente cercanos al Señor y crecer en una amistad verdadera y profunda con Él. Custodien celosamente esta amistad en vuestro corazón como San Tarcisio, prontos a esforzarse, a luchar y a dar la vida para que Jesús llegue a todos los hombres".

"Cada vez que ayudan en el altar, tienen la fortuna de asistir al gran gesto de amor de Dios, que sigue donándose a cada uno de nosotros, estando cercano, ayudándonos, dándonos fuerza para vivir bien. Con la consagración –ustedes lo saben– ese pequeño pedazo de pan se convierte en el Cuerpo de Cristo, y ese vino se convierte en Sangre de Cristo".

Tras indicar que con su ayuda el sacerdote puede hacer presente a Cristo en medio del mundo, el Papa Benedicto recordó que por esta importante tarea, Dios "no dejará de recompensaros, dándoles la alegría verdadera y haciéndoles sentir donde está la felicidad más plena. San Tarcisio nos ha mostrado que el amor puede llevar incluso hasta el don de la vida por un bien auténtico, por el verdadero bien, por el Señor".

Luego de comentar que "probablemente a nosotros no se nos pide el martirio", el Señor si anima a vivir "la fidelidad en las pequeñas cosas, en el recogimiento interior, la participación interior, nuestra fe y el esfuerzo por hacer presente este tesoro en la vida de cada día".

Finalmente el Papa hizo votos para que en esta tarea estén acompañados por el Cura de Ars, San Juan María Vianney, a quien la Iglesia recuerda hoy, y San Tarcisio, para que "nos ayuden a amar a Jesús y cumplir su voluntad como ha hecho la Virgen María, fiel a su Hijo hasta el fin".

En su saludo en español, el Santo Padre recordó que "como les acabo de decir a los monaguillos, la Eucaristía es el gran don que Jesús nos ha dejado. Que el ejemplo de San Tarcisio, cuya imagen podéis contemplar aquí, os ayude a todos a tratar con creciente amor y veneración a Cristo, que en el Santísimo Sacramento se entrega por nosotros, y nos alimenta y sostiene en nuestro camino hacia la patria definitiva. Muchas gracias".



lunes, 2 de agosto de 2010

Adecuada formación y profunda vida espiritual, pide Benedicto XVI a católicos

Adecuada formación y profunda vida espiritual, pide Benedicto XVI a católicos


VATICANO, 31 Jul. 10 (ACI).- En su reciente mensaje a los participantes del 6º Encuentro Continental Americano de la Acción Católica realizado en México, el Papa Benedicto XVI recordó que para poder hacer frente a los desafíos actuales de la sociedad los cristianos necesitan tener una adecuada formación intelectual y una profunda vida espiritual.

En el mensaje firmado por el Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Tarcisio Bertone, el Santo Padre animó a los participantes del evento a "profundizar en el papel fundamental de los laicos en la construcción de una sociedad más humana, que responda al proyecto original de Dios sobre la humanidad".

"Al mismo tiempo, y siendo conscientes de los múltiples desafíos que los cristianos han de afrontar en el mundo actual", el Papa exhorta a "prestar cada vez más atención a la necesidad de una adecuada formación y de una profunda vida espiritual en los fieles, que tenga en cuenta seriamente la experiencia de fe en Dios, ya que el desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios en oración, cristianos conscientes de que el amor lleno de verdad, 'Caritas in veritate', del que procede el auténtico desarrollo, no es el resultado de nuestro esfuerzo, sino un don".

El encuentro, que tuvo por lema "Vida, pan, paz y libertad; laicos de Acción Católica en la ciudad para un mundo más humano", congregó a 30 delegaciones de México, Argentina, Perú, Nicaragua, Estados Unidos, Guatemala, Colombia y Ecuador.



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