domingo, 1 de julio de 2018

La Libre Interrupción del Embarazo y las Banderas de la Burguesía [Incluye Video] - Mons. Héctor Aguer

La Libre Interrupción del Embarazo y las Banderas de la Burguesía
[Incluye Video]
Mons. Héctor Aguer


Aguer es Académico de Número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas y Arzobispo Emérito de La Plata (Argentina).


El presidente está orgulloso de haber habilitado sobre el aborto “un debate histórico, propio de la democracia”, e invitó a “dirimir las diferencias con respeto”. Los diputados han dado media sanción a una ley que legitima el “crimen abominable”. Esta terrible expresión no es de mi autoría; se encuentra en la Constitución Pastoral “Gaudium et spes” (n. 51) del Concilio Vaticano II. Se ha semi-consumado una “estafa moral”, como bien dijo el Padre Pepe Di Paola, ya que la propuesta no figuraba en las plataformas de la coalición gobernante. Se puede sospechar, además, que “corrió guita”. En efecto, los diputados pampeanos obedecieron la orden del gobernador de su provincia de aprobar el proyecto abortista, y ese mismo día el Gobierno nacional depositó una fuerte suma (900 millones) que debía a La Pampa. ¿No tendrá nada que ver el asunto con el FMI? Es tradición de los organismos internacionales de crédito condicionar la ayuda financiera a la adopción de medidas antinatalistas. Lo mismo supo hacer Estados Unidos; basta recordar el célebre Informe Kissinger. Nuestro presidente ya había anunciado que si el proyecto que acaba de pasar al Senado se convierte en ley, no la vetará. En 2008, el presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, vetó la ley abortista sancionada por los congresales de aquel país; claro, el oriental es médico, no empresario. Nuestro empresario vetó la ley que retrotraía a índices más razonables las tarifas de los servicios públicos, para dejar bien ajustado el cinturón que asfixia a la pobre gente.

Diálogo, búsqueda de acuerdos, “dirimir las diferencias con respeto”. La primera cuestión a discutir es de carácter científico. Los estudios de genética y embriología del siglo XX dejan en claro que el fruto de la concepción, desde el primer instante, es un ser humano, aun antes de la anidación en el seno materno; es una minúscula personita con un ADN distinto del de sus progenitores, y ya desde entonces es xx o xy. La mujer es dueña de su cuerpo, pero lo que se ha formado en ella no es un apéndice de su cuerpo; no tiene derecho, ni ella ni nadie a eliminarlo, sino que debe ser protegido, cuidado, para que llegue a ver la luz del sol y alcance la meta de su plena realización.

La certeza científica va acompañada de otra de carácter filosófico: un principio de acción guía internamente el crecimiento y la organización del nuevo ser. Platón escribió en su “Fedro”: “desde dentro se mueve de por sí”. Es la forma, el alma del compuesto humano que se ha de manifestar progresivamente como principio de conocimiento, conciencia y voluntad. La búsqueda de acuerdos consiste en dirimir esta diferencia: ¿lo matamos o no?

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