Leonardo Castellani
En Mayo de 1957 el gran Leonardo Castellani escribía este artículo en “Dinámica Social” a modo de carta dirigida a Federico Ibarguren. Un texto para pensar al inicio de este año 2014.
Estimado Federico [1]: leí su entrevista en Azul y Blanco n.° 164 y caí de acuerdo con su «pesimismo». Para mí no es pesimismo, sino ver las cosas como están —condición de historiador. Por algo dijo uno:
Poeta fino, historiador ladino,
caballero rural y ciudadano,
Ibarguren es hito del camino
y es argentino como yo argen-tano.
Como historiador, usted ve a nuestra nación por dentro. Quiero decir esto: que una persona vista por fuera es una sustancia viviente que solamente cambia en sus vestidos o en sus muecas o ademanes; pero vista por dentro es un alma, que conforme a la idea cristiana, puede «perderse». «Una nación histórica vive en continua posibilidad de perecer». Puede incluso desaparecer. ¿Cuántas naciones históricas no han desaparecido? ¿Es una «nación» la Grecia actual comparada a la Grecia de Pericles? ¿Qué se hicieron Cartago, Sidón y Tiro?
Solamente los hombres tienen alma, propiamente hablando. El «alma» de una nación o una colectividad es una resultante de cierta mancomunidad de las almas individuales que la integran; y si desaparece esa mancomunidad, la nación «se convierte en un nombre vacío, en una palabra; y en una palabra mentirosa». «La música es un soplo; es un soplo en el aire» —dice por radio uno de tantos papagayos que por LRA [2] hacen hoy justamente eso: aire. Pero la música no es un soplo. Una nación tampoco. La música es una armonía y un espíritu, y una nación es una armonía y un espíritu; y los dos espíritus, obras del hombre; que pueden perecer por la falibilidad del hombre.
El pecado de los que ahora detentan el poder (todos los poderes, eclesiástico incluso) es que están destruyendo o dejando destruir la mancomunidad argentina; eliminando, despreciando o simplemente ignorando su principio de unidad, que es espíritu. Éste es el peor de los pecados, un pecado contra la luz.
