miércoles, 27 de julio de 2016

Coram Deo: Misa de Cara al Señor [Primera Parte] - P. José María Iraburu

Coram Deo: Misa de Cara al Señor
[Primera Parte]
P. José María Iraburu


En el año 2014 el Padre Iraburu publicó en su blog “Reforma o Apostasía” unos artículos dedicados a la Liturgia. De esa serie, dos abordaron puntualmente el tema de la “Misa de Cara al Señor”. A continuación podrán leer el primero de ellos.


[InfoCatólica] La celebración de la santa Misa de cara a los fieles se hizo común a partir de las reformas litúrgicas posteriores al Concilio Vaticano II. Este cambio, más importante de lo que pueda aparecer a primera vista, ha sido discutido no poco y merece la pena reconsiderarlo. ¿Cuándo, dónde y por qué se tomó esa decisión?

–1964. La instrucción Inter Oecumenici (26-IX-1964), editada por el Cardenal Larraona, prefecto de la entonces Sagrada Congregación de Ritos, y por el Cardenal Lercaro, presidente del Consilium para la renovación postconciliar de la Liturgia, estableció lo que sigue:

«Constrúyase el altar separado de la pared, de modo que se le pueda rodear fácilmente y la celebración se pueda realizar de cara al pueblo. El altar ocupe el lugar que sea de verdad el centro hacia el que espontáneamente converja la atención de toda la asamblea de los fieles». «Praestat ut altare maius extruatur a pariete seiunctum, ut facile circumiri et in eo celebratio versus populum peragi possit; in sacra autem aede eum occupet locum, ut revera centrum sit quo totius congregationis fidelium attentio sponte convertatur» (n. 91).

–1975 y 2000. La norma fue integrada literalmente en la Instrucción General del Misal Romano (1975, n. 262) en la sección que trata del altar. Este importante documento fue revisado quince años más tarde y Juan Pablo II lo promulgó (2000), conservando la misma estructura y título: Institutio Generalis Missalis Romani. En él se repite textualmente la norma citada, y se añade la frase que indico en cursiva:

«Constrúyase el altar separado de la pared, de modo que se le pueda rodear fácilmente y la celebración se pueda realizar de cara al pueblo, lo cual conviene que sea posible en todas partes. El altar ocupe el lugar que sea de verdad el centro hacia el que espontáneamente converja la atención de toda la asamblea de los fieles». «Altare maius exstruatur a pariete seiunctum, ut facile circumiri et in eo celebratio versus populum peragi possit, quod expedit ubicumque possibile sit. Altare eum autem occupet locum, ut revera centrum sit ad quod totius congregationis fidelium attentio sponte convertatur» (n. 299).

Es de señalar que en realidad no se prescribe que el sacerdote celebre la Misa de cara al pueblo, sino que, cautelosamente, se manda solo que el altar en todas partes haga posible la celebración de cara al pueblo. En cuanto a que «pueda ser rodeado fácilmente» es norma tradicional, pues eso permite que el altar pueda ser ungido convenientemente al ser consagrado (Pontifical Romano tradicional, en el capítulo Sobre la dedicación de las iglesias), y pueda también ser rodeado en una incensación completa (Misal de San Pío V, ed. 1962). La aplicación de la norma fue universal e inmediata; pero muy pronto la norma tuvo impugnadores. Citaré a uno de los más prestigiosos.

–1992. La obra “¡Vueltos hacia el Señor!” (Zum Herrn hin) de Klaus Gamber (1919-1989) es quizá la obra de divulgación más completa sobre el tema que nos ocupa . El enlace que acabo de dar [Nota de FVN: hemos puesto un enlace distinto, puesto que el enlace original esta caduco] proporciona el acceso al texto íntegro del libro (ed. Renovación, Madrid 1996). Mons. Gamber, fundador del Instituto Litúrgico de Ratisbona, Alemania, resume en esta obra investigaciones anteriores publicadas por él mismo, y demuestra la falta de fundamento histórico y los inconvenientes de la vuelta de los altares para celebrar la Misa de cara al pueblo. El Cardenal Ratzinger, en el prólogo de la obra (18-XI-1992), hace notar que la misma tesis es mantenida por otros autores, «como F. J. Dölger, J. Braun, J. A. Jungmann, Erik Peterson, Cyrille Vogel, el Rev. Padre Bouyer, por citar sólo algunos nombres eminentes». Podrían añadirse a éstos otros, comenzando por el propio Ratzinger, «Celebración de la fe» (Tequi 1985, 131-137), el Cardenal Decourtray («Église de Lyon» 5-V-1992), o el P. Gélineau, S. J., «El santuario y su complejidad» («Maison-Dieu» 63, 1960, 53-68). Muy valiosa es la obra del alemán Uwe Michael Lang, oratoriano radicado en Londres, «Volverse hacia el Señor» (orig. 2004; ed. Cristiandad, Madrid 2007, 166 pgs.), también prologada con gran elogio –«es una guía inestimable»– por el Cardenal Ratzinger.

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