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lunes, 20 de septiembre de 2010

Ante relativismo Benedicto XVI alienta pasión por la Verdad que sacia el corazón humano

Ante relativismo Benedicto XVI alienta pasión por la Verdad que sacia el corazón humano


LONDRES, 18 Sep. 10 (ACI).- Al presidir la multitudinaria vigilia de oración en el Hyde Park de Londres por la beatificación del Cardenal John Henry Newman, el Papa Benedicto XVI explicó que de este hombre de Iglesia se puede aprender la pasión por la búsqueda de la verdad que sacia el corazón humano así como a no separar aquello que se cree de lo que se vive.

En medio de las múltiples expresiones de aprecio y estima como el popular grito "¡Benedetto!" (Benedicto), especialmente de los jóvenes presentes y tras manifestar la alegría que lo embarga, el Santo Padre resaltó la profunda experiencia de conversión del anglicanismo al catolicismo del Cardenal Newman quien "describe el trabajo de su vida como una lucha contra la creciente tendencia a percibir la religión como un asunto puramente privado y subjetivo, una cuestión de opinión personal", indicó.

"He aquí la primera lección que podemos aprender de su vida: en nuestros días, cuando un relativismo intelectual y moral amenaza con minar la base misma de nuestra sociedad, Newman nos recuerda que, como hombres y mujeres a imagen y semejanza de Dios, fuimos creados para conocer la verdad, y encontrar en esta verdad nuestra libertad última y el cumplimiento de nuestras aspiraciones humanas más profundas. En una palabra, estamos destinados a conocer a Cristo, que es 'el camino, y la verdad, y la vida' ".

El Papa dijo también que "la vida de Newman nos enseña también que la pasión por la verdad, la honestidad intelectual y la auténtica conversión son costosas. No podemos guardar para nosotros mismos la verdad que nos hace libres; hay que dar testimonio de ella, que pide ser escuchada, y al final su poder de convicción proviene de sí misma y no de la elocuencia humana o de los argumentos que la expongan".

viernes, 17 de septiembre de 2010

Desde Escocia, Benedicto XVI pide a católicos defender la fe en la esfera pública [Incluye Video]

Desde Escocia, Benedicto XVI pide a católicos defender la fe en la esfera pública
[Incluye Video]


GLASGOW, 16 Sep. 10 (ACI).- En la multitudinaria Misa que presidió en el Bellahouston Park de Glasgow, Escocia, el Papa Benedicto XVI señaló que los católicos tienen como deber hacer presentes en la esfera pública los valores fundamentales que son "promovidos por la sabiduría y la visión de la fe" en medio de un mundo que vive inmerso en la dictadura del relativismo y que necesita con urgencia ser evangelizado.

Al comenzar la homilía, el Santo Padre se presentó "como heraldo de la paz" que llega a confirmar a los creyentes "en la fe de Pedro".

"Me dirijo a vosotros con emoción, no muy lejos del lugar donde mi amado predecesor el Papa Juan Pablo II celebró la Misa con vosotros, hace casi treinta años, recibido por la multitud más numerosa que jamás se haya visto en la historia de Escocia", recordó.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Cinco millones de católicos esperan al Papa en Gran Bretaña

Cinco millones de católicos esperan al Papa en Gran Bretaña


VATICANO, 07 Sep. 10 (ACI).- El Vatican Information Service (VIS) divulgó las estadísticas oficiales de la Iglesia Católica en Gran Bretaña con motivo del próximo viaje apostólico de Benedicto XVI al Reino Unido, previsto del 16 al 19 de septiembre, para la beatificación del Cardenal John Henry Newman.

Los datos, actualizados al 31 de diciembre de 2009, proceden de la Oficina Central de Estadística de la Iglesia y muestran que más de cinco millones de católicos aguardan la visita del Pontífice.

Según las cifras oficiales, Gran Bretaña tiene una superficie de 230.762 km2 y una población de 59 millones 381 mil habitantes, de los cuales 5 millones 264 mil son católicos, es decir, el 8,87 por ciento de la población.

Existen 32 circunscripciones eclesiásticas y 2.977 parroquias. Actualmente hay 59 obispos, 5.225 sacerdotes, 6.497 religiosos, 160 miembros laicos de institutos seculares y 34.669 catequistas. Gran Bretaña tiene dos seminaristas menores y 245 seminaristas mayores.

Un total de 806.334 alumnos asisten a los 2.828 centros de educación católicos, desde las escuelas maternas hasta la universidad. Por lo que concierne a los centros caritativos y sociales de propiedad de la Iglesia o que son dirigidos por eclesiásticos o religiosos, en Gran Bretaña hay: 8 hospitales, 1 ambulatorio, 171 hogares para ancianos e inválidos, 79 orfanatos y guarderías, 94 consultorios familiares y otros centros para la protección de la vida, 147 centros especiales de educación o reeducación social y 31 instituciones de otro tipo.



lunes, 6 de septiembre de 2010

El Cardenal Newman y la búsqueda de la verdad

El Cardenal Newman y la búsqueda de la verdad
Entrevista a Cristina Siccardi, biógrafa del futuro beato


TURÍN, viernes 3 de septiembre de 2010 (ZENIT.org).- Después de viajar cinco horas bajo la lluvia, el 8 de octubre de 1845, el sacerdote pasionista Domenico Barberi se encontró con el entonces pastor anglicano John Henry Newman, (Londres, 1801- Birmingham, 1890) quien le pidió que lo acogiera en los brazos de la Iglesia católica, después de décadas de búsqueda en la teología y la filosofía.

El entonces cardenal Ratzinger escribió en 1990, a propósito del centenario de la muerte de Newman: “… fue su conciencia la que lo condujo de los antiguos lazos y de las antiguas certezas dentro del mundo para él difícil y extraño del catolicismo”.

Y será el ahora Papa Benedicto XVI quien lo beatificará en Coventry, centro de Gran Bretaña, el próximo 19 de septiembre durante su viaje a Inglaterra.

Sobre la vida y constante búsqueda de Newman, en la que siempre estuvieron entrelazadas la fe y la razón, ZENIT entrevistó a la escritora italiana Cristina Siccardi, autora del libro Nello specchio del cardinale Newman (En el espejo del Cardenal Newman n.d.t 2010, editorial Fede e cultura), cuya publicación en Italia se espera para los próximos días. Cristina escribe para varios medios de comunicación católicos en Italia.

Es autora, entre otros libros de La «bambina» di padre Pio. Rita Montella 2003 (La “niña” del Padre Pío. Rita Montella n.d.t); Santa Rita da Cascia e il suo tempo 2004 (Santa Rita de Cascia y su tiempo n.d.t); Paolo VI. Il papa della luce 2008 (Pablo VI el papa de la luz n.d.t); Tutto il mondo in un solo cuore. Maddalena Sofia Barat 2009. (Todo el mundo en un solo corazón. Magdalena Sofía Barat n.d.t).


-¿Cómo transcurrió la infancia de Newman?

Cristina Siccardi: John Henry Newman era el primogénito de seis hijos de los esposos John Newman y Jemina Fourdrinier. Nació en Londres y fue bautizado en la Iglesia anglicana de Saint Bennet Fink.

Su padre, un hombre emprendedor, fue subiendo de posición a nivel social hasta convertirse en banquero. Pero luego de varios años de éxito, cayó en bancarrota. Fue el propio John Henry quien tuvo que mantener a toda su familia cuando asistió a la universidad de Oxford.

“Fui educado durante mi infancia a tener el gran placer de leer la Biblia, pero no tuve sólidas convicciones religiosas sino hasta los 15 años”, así Newman abrió el segundo párrafo de aquella obra maestra titulada Apología pro vita sua. Historia de mis convicciones religiosas, que escribió en 1864 para combatir a quienes, a raíz de su conversión, lo habían atacado ácidamente.

Un día, en la ermita de Littlemore, donde se convirtió, encontró y ojeó un viejo cuaderno suyo de escuela. En la primera página encontró maravillado un emblema que le cortó la respiración: había dibujado la figura de una cruz robusta y, al costado, una figura que representaba un rosario con una pequeña cruz unida a este. En aquel momento tenía sólo diez años. Estas imágenes no tendrían por qué haber sido dibujadas por el lápiz de Newman, debido a la aversión que los protestantes tienen hacia las imágenes sagradas.


-¿Por qué le llamaban tanto la atención los Padres de la Iglesia?

Cristina Siccardi: Cuando todavía era anglicano, en 1826, Newman decidió estudiar con un método sistemático a los Padres de la Iglesia y así nació un profundo amor por ellos. En primer lugar, los examinó con la óptica protestante, luego, en 1835 y en 1839 retomó el estudio con una óptica más parecida al catolicismo.

En una carta a su amigo Pusey dijo: “No me avergüenzo de basarme en los Padres, y no pienso en lo más mínimo en alejarme de ellos. La historia de sus tiempos no es todavía para mí un almanaque viejo. Los Padres me hicieron católico (The Fathers made me a Catholic) y yo no pretendo arrojar al suelo la escala con la cual he subido para entrar en la Iglesia”.

Los Padres fueron para Newman su gran amor, en ellos encontró la respuesta a las persistentes preguntas religiosas y de fe que lo torturaron durante 44 años hasta que, el 9 de octubre de 1945 fue acogido en la Iglesia católica por el padre Domenico Barberi, pasionista italiano quien fue beatificado por Pablo VI en 1963.


-Cuéntenos más sobre su conversión al catolicismo…

Cristina Siccardi: Ésta llegó través de un fatigoso recorrido intelectual y espiritual. Su biografía se identifica con la elaboración del pensamiento y con el empeño del alma. John Henry Newman está situado entre los grandes pensadores, filósofos y teólogos de la historia de la humanidad: su bibliografía, que se ha ido edificando en el mundo, en el transcurso de los 120 años desde su muerte, es enorme.

Con espíritu de explorador, atento y escrupuloso sondeó aquel interminable nudo de caminos que es el protestantismo. Primero como calvinista y luego como anglicano, para después llegar con alegría a la Iglesia de Pedro, como pudo experimentar también otro converso excepcional: San Agustín. Newman se comportó como el capitán que gobierna su destructor (tipo de nave de guerra, n.d.t.) con destreza y competencia y sin dar tregua alguna, alcanzó con gran humildad y sobre todo con celo, la meta anhelada.


-¿Qué dijeron sus amigos cuando dio este paso?

Cristina Siccardi: Newman, a pesar de que dio una especial importancia al valor de la amistad y a los lazos profesionales, cuando vio y comprendió la verdad y dónde estaba, no se preocupó más de nada ni de nadie y abandonó todo y todos, así como hicieron los apóstoles. Sus amigos anglicanos comprendieron que habían perdido un gran hombre: algunos lo lamentaron, otros lo juzgaron ferozmente, otros, en cambio, lo animaron.

El elogio más bello, a nuestro parecer, que le han dado en su vida, es la misiva que Edward Pusey envió a un amigo:

“Dios está todavía con nosotros y nos permitirá seguir adelante a pesar de esta pérdida. No debemos esconder su importancia porque es la pérdida más grande que hemos podido tener. Quienes lo han adquirido conocen bien sus méritos… Nuestra iglesia no ha sabido beneficiarse. Era como si una espada afilada durmiese en su vaina porque nadie sabía empuñarla. Era un hombre predestinado a ser un gran instrumento divino, capaz de realizar un amplio proyecto que restableciese la Iglesia. Se ha ido – como todos los grandes instrumentos de Dios – inconsciente de su propia grandeza. Se ha ido para cumplir un simple acto de deber sin pensar en sí mismo, abandonándose completamente en las manos del Altísimo. Así son los hombres en quienes Dios se confía. Se podría decir que no tanto quien ha dejado sino quien ahora se ha transferido a otra zona de la viña, donde puede utilizar todas las energías de su poderosa mente”


-¿Recibió muchos ataques de parte de la Iglesia anglicana y de los intelectuales de la época?

Cecila Siccardi: Ciertamente de la Iglesia anglicana, de los intelectuales protestantes y además de la misma Iglesia católica. Los primeros lo consideraban un traidor, los segundos, alguien de quien se debe desconfiar…

También algunos católicos en Irlanda estuvieron en su contra: fue removido del cargo de Rector de la Universidad de Dublín. John Henry Newman escribió Apologia pro vita sua justamente para defenderse de los ataques de los intelectuales. Este libro dio pie a muchas conversiones. Recordemos que fue el papa León XIII quien “cayó la boca” a tantos rumores maliciosos, cuando concedió a Newman el birrete cardenalicio.


-En una sociedad donde prima el relativismo moral e intelectual, ¿Qué nos dice la beatificación de Newman?

Cristina Siccardi: El cardenal Newman combatió sincera y lealmente el liberalismo, trazando, con un método sistemático y analítico, uno de los perfiles más reales de aquella Europa en fase de corrupción, de abandono de la civilización cristiana y de acuciante apostasía.

Logró identificar las connotaciones de secularización y relativismo de nuestros días, fruto de la presunción que ya los griegos paganos, depositarios de verdaderas semillas del Verbo definían ύβρις (übris = la arrogancia de quien no se somete a los dioses), o lo que es lo mismo, la idea de anteponer los lugares comunes supuestamente racionales de la propia época a la racionabilidad y racionalidad de la Tradición.

Newman, quien, como dijo el cardenal Ratzinger en 1990, “pertenece a los grandes doctores de la Iglesia”, ese gran caballero del siglo XVIII inglés, alcanzó la Verdad cuando tenía 44 años, después de décadas de estudio y de profundización: con valentía exprimió su propia mente para entender, indagar, sondear los meandros de la historia, la filosofía, la teología y descubrir finalmente la perla preciosa… fue así que “vi mi rostro en aquel espejo: era el rostro de un monofisita, el rostro de un hereje anglicano y lo descubrí casi con terror”.

El epitafio de la tumba del futuro Beato Newman, cuya vida es la prueba más evidente y concreta de que la razón puede unirse a la fe para traer a la tierra la Iglesia de Jesucristo, la única verdad que lleva a la salvación eterna. Creer en la verdad y ser libre: “Si permanecéis fieles a mi palabra, seréis de verdad mis discípulos; conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Juan 8, 31 – 32). John Henry Newman es el modelo que la Iglesia, bajo el pontificado de Benedicto XVI, propone a los cristianos y a los católicos a seguir: es la respuesta clarísima del Papa al mundo relativista.



[Por Carmen Elena Villa]



martes, 31 de agosto de 2010

“He resistido, con lo mejor de mis fuerzas, al espíritu del liberalismo en la religión”

“He resistido, con lo mejor de mis fuerzas, al espíritu del liberalismo en la religión”


El 12 de mayo de 1879, el entonces Padre Newman acudió a Roma para recibir el “biglietto” que le anunciaba que el Papa León XIII había decidido elevarlo a la dignidad cardenalicia. En ese entonces, pronunció un memorable discurso que ahora publicamos, tomándolo de la traducción ofrecida por la revista Humanitas. Sorprende, de modo especial, la actualidad de las palabras pronunciadas por el futuro beato.


Le agradezco, Monseñor, la participación que me hecho del alto honor que el Santo Padre se ha dignado conferir sobre mi humilde persona. Y si le pido permiso para continuar dirigiéndome a Ud., no en su idioma musical, sino en mi querida lengua materna, es porque en ella puedo expresar mis sentimientos, sobre este amabilísimo anuncio que me ha traído, mucho mejor que intentar lo que me sobrepasa.

En primer lugar, quiero hablar del asombro y la profunda gratitud que sentí, y siento aún, ante la condescendencia y amor que el Santo Padre ha tenido hacia mí al distinguirme con tan inmenso honor. Fue una gran sorpresa. Jamás me vino a la mente semejante elevación, y hubiera parecido en desacuerdo con mis antecedentes. Había atravesado muchas aflicciones, que han pasado ya, y ahora me había casi llegado el fin de todas las cosas, y estaba en paz. ¿Será posible que, después de todo, haya vivido tantos años para esto?. Tampoco es fácil ver cómo podría haber soportado un impacto tan grande si el Santo Padre no lo hubiese atemperado con un segundo acto de condescendencia hacia mí, que fue para todos los que lo supieron una evidencia conmovedora de su naturaleza amable y generosa. Se compadeció de mí y me dijo las razones por las cuales me elevaba a esta dignidad. Además de otras palabras de aliento, dijo que su acto era un reconocimiento de mi celo y buen servicio de tantos años por la causa católica, más aún, que creía darles gusto a los católicos ingleses, incluso a la Inglaterra protestante, si yo recibía alguna señal de su favor. Después de tales palabras bondadosas de Su Santidad, hubiera sido insensible y cruel de mi parte haber tenido escrúpulos por más tiempo.

Esto fue lo que tuvo la amabilidad de decirme, ¿y qué más podía querer yo?. A lo largo de muchos años he cometido muchos errores. No tengo nada de esa perfección que pertenece a los escritos de los santos, es decir, que no podemos encontrar error en ellos. Pero lo que creo poder afirmar sobre todo lo que escribí es esto: que hubo intención honesta, ausencia de fines personales, temperamento obediente, deseo de ser corregido, miedo al error, deseo de servir a la Santa Iglesia, y, por la misericordia divina, una justa medida de éxito. Y me alegra decir que me he opuesto desde el comienzo a un gran mal. Durante treinta, cuarenta, cincuenta años, he resistido con lo mejor de mis fuerzas al espíritu del liberalismo en religión. ¡Nunca la Santa Iglesia necesitó defensores contra él con más urgencia que ahora, cuando desafortunadamente es un error que se expande como una trampa por toda la tierra!. Y en esta ocasión, en que es natural para quien está en mi lugar considerar el mundo y mirar la Santa Iglesia tal como está, y su futuro, espero que no se juzgará fuera de lugar si renuevo la protesta que hecho tan a menudo.

El liberalismo religioso es la doctrina que afirma que no hay ninguna verdad positiva en religión, que un credo es tan bueno como otro, y esta es la enseñanza que va ganando solidez y fuerza diariamente. Es incongruente con cualquier reconocimiento de cualquier religión como verdadera. Enseña que todas deben ser toleradas, pues todas son materia de opinión. La religión revelada no es una verdad, sino un sentimiento o gusto; no es un hecho objetivo ni milagroso, y está en el derecho de cada individuo hacerle decir tan sólo lo que impresiona a su fantasía. La devoción no está necesariamente fundada en la fe. Los hombres pueden ir a iglesias protestantes y católicas, pueden aprovechar de ambas y no pertenecer a ninguna. Pueden fraternizar juntos con pensamientos y sentimientos espirituales sin tener ninguna doctrina en común, o sin ver la necesidad de tenerla. Si, pues, la religión es una peculiaridad tan personal y una posesión tan privada, debemos ignorarla necesariamente en las interrelaciones de los hombres entre sí. Si alguien sostiene una nueva religión cada mañana, ¿a ti qué te importa?. Es tan impertinente pensar acerca de la religión de un hombre como acerca de sus ingresos o el gobierno de su familia. La religión en ningún sentido es el vínculo de la sociedad.

Hasta ahora el poder civil ha sido cristiano. Aún en países separados de la Iglesia, como el mío, el dicho vigente cuando yo era joven era: “el cristianismo es la ley del país”. Ahora, en todas partes, ese excelente marco social, que es creación del cristianismo, está abandonando el cristianismo. El dicho al que me he referido se ha ido o se está yendo en todas partes, junto con otros cien más que le siguen, y para el fin del siglo, a menos que interfiera el Todopoderoso, habrá sido olvidado. Hasta ahora, se había considerado que sólo la religión, con sus sanciones sobrenaturales, era suficientemente fuerte para asegurar la sumisión de nuestra población a la ley y al orden. Ahora, los filósofos y los políticos están empeñados en resolver este problema sin la ayuda del cristianismo. Reemplazarían la autoridad y la enseñanza de la Iglesia, antes que nada, por una educación universal y completamente secular, calculada para convencer a cada individuo que su interés personal es ser ordenado, trabajador y sobrio. Luego, para el funcionamiento de los grandes principios que toman el lugar de la religión, y para el uso de las masas así educadas cuidadosamente, se provee de las amplias y fundamentales verdades éticas de justicia, benevolencia, veracidad, y semejantes, de experiencia probada, y de aquellas leyes naturales que existen y actúan espontáneamente en la sociedad, y en asuntos sociales, sean físicas o psicológicas, por ejemplo, en el gobierno, en los negocios, en las finanzas, en los experimentos sanitarios, y en las relaciones internacionales. En cuanto a la religión, es un lujo privado que un hombre puede tener si lo desea, pero por el cual, por supuesto, debe pagar, y que no debe imponer a los demás ni permitirse fastidiarlos.

El carácter general de esta gran apostasía es uno y el mismo en todas partes, pero en detalle, y en carácter, varía en los diferentes países. En cuanto a mí, hablaría mejor de mi propio país, que sí conozco. Creo que allí amenaza con tener un formidable éxito, aunque no es fácil ver cuál será su resultado final. A primera vista podría pensarse que los ingleses son demasiado religiosos para un movimiento que, en el continente, parece estar fundado en la infidelidad. Pero nuestra desgracia es que, aunque termina en la infidelidad como en otros lugares, no necesariamente brota de la infidelidad. Se debe recordar que las sectas religiosas que se difundieron en Inglaterra hace tres siglos, y que son tan poderosas ahora, se han opuesto ferozmente a la unión entre la Iglesia y el Estado, y abogarían por la descristianización de la monarquía y de todo lo que le pertenece, bajo la noción de que semejante catástrofe haría al cristianismo mucho más puro y mucho más poderoso. Luego, el principio liberal nos está forzando por la necesidad del caso. Considerad lo que se sigue por el mismo hecho de que existen tantas sectas. Se supone que son la religión de la mitad de la población, y recordad que nuestro modo de gobierno es popular. Uno de cada doce hombres tomados al azar en la calle tiene participación en el poder político, y cuando les preguntáis sobre sus creencias representan una u otra de por lo menos siete religiones. ¿Cómo puede ser posible que actúen juntos en asuntos municipales o nacionales si cada uno insiste en el reconocimiento de su propia denominación religiosa?. Toda acción llegaría a un punto muerto a menos que el tema de la religión sea ignorado. No podemos ayudarnos a nosotros mismos. Y, en tercer lugar, debe tenerse en cuenta que hay mucho de bueno y verdadero en la teoría liberal. Por ejemplo, y para no decir más, están entre sus principios declarados y en las leyes naturales de la sociedad, los preceptos de justicia, veracidad, sobriedad, autodominio y benevolencia, a los que ya me he referido. No decimos que es un mal hasta no descubrir que esta serie de principios está propuesta para sustituir o bloquear la religión. Nunca ha habido una estratagema del Enemigo ideada con tanta inteligencia y con tal posibilidad de éxito. Y ya ha respondido a las expectativas que han aparecido sobre la misma. Está haciendo entrar majestuosamente en sus filas a un gran número de hombres capaces, serios y virtuosos, hombres mayores de aprobados antecedentes, y jóvenes con una carrera por delante.

Tal es el estado de cosas en Inglaterra, y es bueno que todos tomemos conciencia de ello. Pero no debe suponerse ni por un instante que tengo temor de ello. Lo lamento profundamente, porque preveo que puede ser la ruina de muchas almas, pero no tengo temor en absoluto de que realmente pueda hacer algún daño serio a la Palabra de Dios, a la Santa Iglesia, a nuestro Rey Todopoderoso, al León de la tribu de Judá, Fiel y Veraz, o a Su Vicario en la tierra. El cristianismo ha estado tan a menudo en lo que parecía un peligro mortal, que ahora debemos temer cualquier nueva adversidad. Hasta aquí es cierto. Pero, por otro lado, lo que es incierto, y en estas grandes contiendas es generalmente incierto, y lo que es comúnmente una gran sorpresa cuando se lo ve, es el modo particular por el cual la Providencia rescata y salva a su herencia elegida, tal como resulta. Algunas veces nuestro enemigo se vuelve amigo, algunas veces es despojado de esa especial virulencia del mal que es tan amenazante, algunas veces cae en pedazos, algunas veces hace sólo lo que es beneficioso y luego es removido. Generalmente, la Iglesia no tiene nada más que hacer que continuar en sus propios deberes, con confianza y en paz, mantenerse tranquila y ver la salvación de Dios. “Los humildes poseerán la tierra y gozarán de inmensa paz” (Salmo 37,11).








miércoles, 21 de julio de 2010

Benedicto XVI escribe cuarta encíclica, apéndice de "Jesús de Nazaret" y discursos para Reino Unido

Benedicto XVI escribe cuarta encíclica, apéndice de "Jesús de Nazaret" y discursos para Reino Unido


ROMA, 20 Jul. 10 (ACI).- En un artículo publicado en el diario italiano Il Foglio, el vaticanista Paolo Rodari dio a conocer que durante su "tiempo de reposo" en Castel Gandolfo, el Papa Benedicto XVI se dedica a escribir sus discursos para el viaje al Reino Unido en septiembre, un apéndice a sus libros "Jesús de Nazaret" (y no un libro completo como indicaban algunos informes) y el marco para su cuarta encíclica.

Según Rodari, en el apéndice a "Jesús de Nazaret" el Santo Padre cubrirá la infancia de Jesús de acuerdo al relato de los Evangelios de Mateo y Lucas, mientras que prepara el esquema de la cuarta encíclica que tratará el tema de la fe, luego de que las tres anteriores se enfocaran en el tema social, la caridad y la esperanza.

Asimismo, el Papa trabaja en sus discursos para el viaje al Reino Unido en los que tocará la vida del Cardenal John Henry Newman, a quien beatificará en esta visita. "La figura del prelado inglés y ex anglicano fue importante para la formación del Pontífice y su contribución puede ser importante para la Iglesia de hoy", señala Rodari.

Según informa el Birmingham Oratory, el Papa Benedicto será el primer peregrino que rece ante el nuevo santuario dedicado al Cardenal Newman, acto que seguirá a la ceremonia de beatificación.



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