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domingo, 7 de marzo de 2021

Maestro al Servicio de la Verdad - Sebastián Sánchez

Maestro al Servicio de la Verdad
Sebastián Sánchez


El destacado historiador mendocino Enrique Díaz Araujo, fallecido a principios de febrero, deja una vasta obra en la que plasmó su empeño por la defensa de la Patria y de la Fe. A la erudición de su pluma aunó la valentía de enfrentarse a impostores e ideólogos.


[La Prensa/FVN] El pasado 4 de febrero, tras una vida pródiga en buenas obras y justos combates, Enrique Díaz Araujo se presentó ante las Puertas del Eterno, confesado y con el alma en sosiego.

Muchos de sus amigos y discípulos han escrito homenajes señalando la pérdida de uno de nuestros últimos maestros. Nosotros, que sólo pudimos conversar con él en pocas e inolvidables ocasiones -lo frecuentamos sobre todo en su obra, al punto de considerarlo un maestro “in absentia”- queremos dejar aquí algunas reflexiones a modo de respetuosa despedida. 

Si bien se forjó con los maestros de su Mendoza natal, fue en la Universidad de la Plata donde inició su periplo intelectual pues allí estudió las carreras de Abogacía y de Profesorado en Historia. 

lunes, 28 de enero de 2019

La Ciencia en el Medioevo: Recepción del Saber Antiguo en la Europa Cristiana - Marcelo Gustavo Imbrogno

La Ciencia en el Medioevo
Recepción del Saber Antiguo en la Europa Cristiana
Prof. Marcelo Gustavo Imbrogno


El próximo viernes 1 de febrero, a partir de las 20hs, el Prof. Marcelo Gustavo Imbrogno disertará sobre “La Ciencia en el Medioevo: Recepción del Saber Antiguo en la Europa Cristiana”

Organizado por “Fraternidad de Vida Nueva”, dicha disertación será en el Multiespacio Cultural EL CAMINO, Catamarca 2336 de Mar del Plata. La entrada es libre y se solicitará una colaboración voluntaria para sostener los gastos del Multiespacio.

Se piensa habitualmente que el Occidente Cristiano descubrió el saber griego por traducciones árabes. Sin embargo Europa siempre preservó sus contactos con el mundo griego. Un ejemplo de ello es la Abadía de Mont-Saint-Michel, importante centro de traducción de textos desde el siglo XII.

miércoles, 23 de agosto de 2017

La Guerra de la Vendée - Los Mártires Olvidados de la Revolución Francesa [Incluye Film]

La Guerra de la Vendée 
Los Mártires Olvidados de la Revolución Francesa
[Incluye Film]


Conmovedora Película de la Guerra entre Católicos e Impíos Revolucionarios Liberales-Masones en Francia, realizada en el año 2012. Está interpretada sólo por adolescentes y niños y plantea la sublevación del Pueblo Católico frente al Terror de la Revolución. Al final de este post puede ver la película completa.


[C.L. / ReL / Catolicidad / FVN] La región de la Vendée, en el centro-oeste de Francia, a orillas del Atlántico, fue escenario en 1793 del alzamiento de todo un pueblo contra la Revolución Francesa. El régimen de Terror quiso efectuar una leva de soldados al tiempo que intensificaba su persecución religiosa contra los Sacerdotes fieles. 

Los Vandeanos se alzaron como un solo hombre, y un ejército de campesinos liderado por sus señores se unió bajo el grito “¡Por Dios y por el Rey!” contra el totalitarismo jacobino. Se trató de una guerra que duraría tres años, hasta la aniquilación de las huestes contrarrevolucionarias y la aplicación del que se considera el primer genocidio de la Historia Moderna contra la población civil.

Esta historia ha sido convertida en Película por la productora «Navis Pictures». Y lo más llamativo de esta Película es que está protagonizada íntegramente por niños y adolescentes, todos ellos, por tanto, actores aficionados, aunque toda la producción es totalmente profesional. Y se nota.

miércoles, 18 de febrero de 2015

La Iglesia en la Actualidad [Audio] - P. Julio Meinvielle

La Iglesia en la Actualidad
[Audio]
P. Julio Meinvielle


Audio completo de la Conferencia del R. P. Dr. Julio Menvielle pronunciada en el Colegio de La Salle (Buenos Aires, Argentina) el 3 de Agosto de 1968. 


Bajo el título de “La Iglesia en la Actualidad” el P. Julio Meinvielle, una de las mentes más lúcidas de la Argentina del Siglo XX, dictó una histórica conferencia en Buenos Aires que mantiene una enorme vigencia hasta el día de hoy y que se puede escuchar al final de este post. Se trata de una destacada pieza de contenido profético-doctrinal que deja al desnudo los embauques y desmanes de la “secta modernista” que anida en el interior de la Iglesia y que intenta “demolerla” desde dentro. Al final del audio se escuchan también las breves palabras que el P. Antonio de Monterroso dirigió al nutrido auditorio, concluida la Conferencia.

Es cada vez más evidente que el mundo marcha hacia la confusión de todas las ideas, de todas las religiones, de todas las normas de pensamiento. Se intenta plasmar mediante el poderoso influjo de los medios de comunicación una sociedad mundial sin fronteras, sin Iglesia y sin jerarquía, donde se han de dar cita todos los vicios y corrupciones, fomentados a través de la prensa, la radio, la televisión, el cine y las redes sociales, buscando una despersonalización homogénea y total. Pero una cosa es ver este triste proceso hoy, cuando ya está muy avanzado y en estado de descomposición, y otra era denunciarlo hace casi cincuenta años atrás. El P. Meinvielle advirtió hacia donde iríamos si no volvíamos a la doctrina católica de siempre. Y esto le acarreo muchas incomprensiones. 

Alguno podrá decir que ahora pasa lo mismo que hace 50 años y que por lo tanto no hay nada que temer: sólo es más de lo mismo. Y es esto en cierto sentido verdadero. Pero lo que ha cambiado es la virulencia del mal, su radicalización y su  generalización en el Pueblo de Dios. Lo que hasta ayer era loco, hoy es moneda corriente. Y muchos católicos, una inmensa cantidad de ellos, no advierten la gravedad de lo que sucede.

Transcribimos a continuación –extractado– parte del mensaje del P. Meinvielle, que salvo algunos breves pasajes que podrán sonar para algunos como “fuera de época”, sustancialmente está tan vigente como el día en que fue pronunciado: 

jueves, 25 de diciembre de 2014

¡Feliz y Santa Navidad! Es el deseo de FVN

Será llamado Príncipe de la Paz y su Reino no tendrá fin...
Plinio Corrêa de Oliveira


No hay ser humano más débil que un niño. No hay habitación más pobre que una gruta. No hay cuna más rudimentaria que un pesebre. Sin embargo, este Niño, en aquella gruta, en aquel pesebre, habría de transformar el curso de la Historia.

¡Y qué transformación! La más difícil de todas, pues se trataba de orientar a los hombres en el camino más opuesto a sus inclinaciones: la vía de la austeridad, del sacrificio, de la Cruz. Se trataba de convidar para la Fe a un mundo descompuesto por las supersticiones, por el sincretismo religioso y por el escepticismo completo. Se trataba de convidar para la justicia a una humanidad inclinada a todas las iniquidades. Se trataba de convidar al desapego a un mundo que adoraba el placer bajo todas sus formas. Se trataba de atraer hacia la pureza a un mundo en que todas las depravaciones eran conocidas, practicadas, aprobadas. Tarea evidentemente inviable, pero que el Divino Niño comenzó a realizar desde el primer instante en esta tierra, y que ni la fuerza del odio, ni la fuerza del poder, ni la fuerza de las pasiones humanas podría contener.

Dos mil años después del Nacimiento de Cristo, parecemos haber vuelto al punto inicial. La adoración del dinero, la divinización de las masas, la exasperación del gusto de los placeres más vanos, el dominio despótico de la fuerza bruta, las supersticiones, el sincretismo religioso, el escepticismo, en fin, el neo-paganismo en todos sus aspectos invadieron nuevamente la tierra. Y de la gran luz sobrenatural que comenzó a resplandecer en Belén muy pocos rayos brillan aún sobre las leyes, las costumbres, las instituciones y la cultura. Mientras tanto crece sorprendentemente el número de los que se rehúsan con obstinación a oír la palabra de Dios, de los que por las ideas que profesan, por las costumbres que practican, están precisamente en el polo opuesto a la Iglesia.

Asombra que muchos pregunten cuál es la causa de la crisis titánica en que el mundo se debate. Basta imaginar que la humanidad cumpliese la ley de Dios, que ipso facto la crisis dejaría de existir. El problema, pues, está en nosotros. Está en nuestro libre arbitrio. Está en nuestra inteligencia que se cierra a la verdad, en nuestra voluntad que, solicitada por las pasiones, se rehúsa al bien. La reforma del hombre es la reforma esencial e indispensable. Con ella, todo estará hecho. Sin ella, todo cuanto se hiciere será nada.

miércoles, 27 de marzo de 2013

La Salvación de la Iglesia - Carlos Daniel Lasa

La Salvación de la Iglesia
Carlos Daniel Lasa


A propósito de la elección del Papa Francisco, comparto con ustedes una nota que me hicieron para “El Diario del Centro del País”.


Entrevista – El doctor en Filosofía de la UNVM opina acerca de la crisis eclesiástica y sobre la designación del Papa Francisco


Lasa: "La salvación de la Iglesia implica la salvación de Occidente"


Carlos Daniel Lasa habló de la crisis actual de la Santa Sede y subrayó que su principal problema es de orden interno.


Hombre de profundas convicciones católicas y apasionado por los pensadores cristianos del medioevo y la modernidad, Daniel Lasa no deja de reconocer que “la Iglesia atraviesa una de las peores crisis de toda su historia”. Y comienza explicándola desde el punto de vista filosófico.

“En lugar de una inteligencia de la fe, la conciencia del cristiano está dominada por la concepción del sentido histórico. Hegel veía en la historia un progreso racional necesario en la conciencia de la libertad. De allí que siempre lo nuevo era mejor que lo anterior”. Siguiendo este pensamiento, Lasa deduce que “la Iglesia vista desde la perspectiva de esta conciencia, no puede sino adaptarse al mundo, por más que ésta crea en una verdad que trascienda la historia. Sin embargo, el dilema ético de un auténtico cristiano nunca será viejo-nuevo sino verdad-error”. Con respecto a la adaptación operada por la Iglesia Católica en su praxis cotidiana, según el Doctor Lasa, “ésta se sustenta en una interpretación del Concilio del Vaticano II que nada tiene que ver con sus textos. Esa interpretación ha conducido, entre otras cosas, a la pérdida de fieles y de vocaciones, a la práctica de una moral permisiva y a la pérdida de la liturgia en tanto ceremonia sagrada. Juan el evangelista describe clarísimo el mensaje de Jesús para sus discípulos: están en el mundo pero no son del mundo. Si nos adaptamos al mundo como se pretende, perdemos la esencia del mensaje cristiano”.

lunes, 4 de febrero de 2013

Historia y New Age: la epidemia Da Vinci - Manuel Alejandro Rodríguez de la Peña

Historia y New Age: la epidemia Da Vinci
Manuel Alejandro Rodríguez de la Peña


Numerosos expertos han catalogado el fenómeno espiritual post-moderno de la llamada New Age (Nueva Era) como una "religiosidad de supermercado", es decir, una religiosidad sincrética en la que funciona algo tan actual como el "hágalo usted mismo". Cada creyente se fabrica una religión a su medida personal, rechazando aquello que le causa disgusto o intuye que le va a suponer un esfuerzo o sacrificio y abrazando los aspectos más placenteros y consoladores de cada religión. Es ésta una religiosidad emocional y panteísta en la que el denominador común es el rechazo de toda autoridad, magisterio y tradición. Las sectas y movimientos de la Nueva Era se esfuerzan en halagar al posible "cliente" con promesas de felicidad y listas de "derechos" de los hijos de Dios: ningún deber para con el Altísimo no sea que se asusten.

En mi condición de historiador asisto en los últimos años, cabe decir que estupefacto, a la extensión exitosa y vertiginosa del virus New Age al campo de la Historia, en concreto de la divulgación histórica novelada. Este virus presenta los mismos síntomas en el ámbito de la Historia que en el de la espiritualidad. Podríamos decir que es una "Historia de supermercado" en la que el pseudo-historiador o novelista de turno pica de aquí y allá algunos aspectos históricos y los entremezcla sin criterio en un totum revolutum en el que el lector no precavido no advierte la diferencia entre la historia y la ficción.

Al igual que sucede con la religiosidad New Age, la pseudo-historia New Age se queda con aquellos aspectos más morbosos/misteriosos de la Historia científica para mezclarlos arbitrariamente con fantasías e invenciones sin preocuparse lo más mínimo de "cosas" tales como el rigor, las fuentes documentales, la coherencia o la contextualización. Ni que decir tiene que esa otra cosa llamada "verdad" les trae al pairo. De hecho, cabría decir que esta forma de hacer historia es un retroceso a algo que creíamos superado con Sócrates: el mito.

domingo, 13 de enero de 2013

El Fin de la Historia en las Novelas de Hugo Wast - Alberto Caturelli

El Fin de la Historia en las Novelas de Hugo Wast
Alberto Caturelli


Este artículo del Dr. Alberto Caturelli estudia, medita y expone el contenido de las novelas apocalípticas “Juana Tabor / 666” de Hugo Wast, poniendo luz a su contenido doctrinal y sin dejar de tener en cuenta la situación del mundo en el tiempo en que fueron escritas.



Introducción

    Las novelas de Hugo Wast, Juana Tabor y 666 aparecieron en 1942; de modo que puedo creer que fueron escritas, muy probablemente, hacia 1941. No se trata de una obra de exégesis bíblica, la que tiene una riquísima tradición desde los Padres Apostólicos hasta hoy y ha producido una bibliografía inmensa; menos todavía, de un tratado sobre los Novísimos. Nadie lo sabía mejor que el propio autor que solamente pretendió escribir dos novelas (o una en dos tomos) y su obra se acerca así a la de Robert Benson, El amo del mundo (principios del siglo XX); hasta cierto punto al breve Relato sobre el Anticristo de Vladimir Soloviev publicado en 1900; también podría recordar pasajes inolvidables de Los hermanos Karamazov de Dostoievski (1879).

    Nuestro Hugo Wast escribió una gran novela; pero no era posible ni siquiera pensable sin el conocimiento y la reflexión sostenida de las fuentes escriturísticas y un minimun suficiente de formación teológica. Por eso, sin sacar su obra del escenario “artístico” como diría Castellani, merece una exposición de las líneas doctrinales esenciales que el relato supone, y una consideración crítica que tendrá en cuenta el aporte, el valor y la actualidad de su obra sobre el fin de los tiempos.

    Martínez Zuviría pensó su novela cuando el mundo se hundía en la inmensa tragedia de la Segunda Guerra Mundial; España acababa de salir de la guerra civil y el triunfo del Alzamiento había impedido que la Península fuese la más decisiva avanzada del imperio soviético sobre Europa y la misma Iberoamérica. Las perspectivas para el mundo eran, sin embargo, muy oscuras. En la Argentina, un Presidente enfermo se mantenía a duras penas hasta que en junio de 1942 presentó su renuncia y murió poco después. El presidente Ortiz fue sucedido por el Vicepresidente Ramón S. Castillo. Hugo Wast veía circular sus novelas por todo el mundo; junto con Manuel Gálvez era quizá uno de los escritores más leídos de la lengua castellana.

    No sólo su vocación literaria, sino algún motivo muy profundo, lo movió a escribir sus dos novelas sobre el fin de la historia. Su contenido doctrinal es lo que me propongo analizar y valorar.

domingo, 28 de agosto de 2011

San Agustín: Filosofía y Teología de la Historia - V. J. Bourke

San Agustín: Filosofía y Teología de la Historia
V. J. Bourke


San Agustín fue un pionero en el estudio del significado de la historia. Antes de él, los historiadores eran fundamentalmente "contadores de historias", poco interesados en algo más que no fuese una visión superficial de los eventos humanos. Su pensamiento en este campo puede llamarse "filosofía" ó "teología" de la historia. El nombre es lo de menos. Lo importante son los logros del doctor de Hipona en este campo.

Las creencias fundamentales del cristianismo están implícitas en la visión agustiniana de la historia: sólo hay un Dios; todos los hombres son creaturas con un antepasado único, Adán; todas las cosas y sucesos están bajo el cuidado de la Providencia divina; la humanidad ha caído desde una condición original más privilegiada, y ahora está sometida al sufrimiento y a otros males; el hombre ha sido redimido a través de la encarnación de Cristo; todos los hombres están llamados a buscar la felicidad definitiva con Dios en la vida eterna. Considerados desde este punto de vista cristiano, los sucesos de la historia temporal, se convierten en acontecimientos incluidos dentro del drama de la redención y de la salvación eterna.

Si antes de Agustín había alguna teoría acerca de la historia, podía resumirse en una sola palabra: fatalismo. En la literatura primitiva, se consideraba al hombre como un muñeco atado a la rueda del destino. Se pensaba que el tiempo transcurría en grandes ciclos. Los hombres estaban destinados a volver nuevamente, y de modo perpetuo, a recorrer los mismos caminos, una y otra vez. No se concebía un progreso lineal. El hombre vivía en una inmensa rueda de la fortuna de la cual era casi imposible escaparse. Toynbee ha dicho lo siguiente de este proceso cíclico: "Prácticamente, no se puede más que llegar a la conclusión de que somos las víctimas perpetuas de una broma que nunca termina, que nos condena a soportar nuestros sufrimientos, y a superar nuestras dificultades, y a purificarnos de nuestros pecados, sólo para comprender, en última instancia, que algún lapso de tiempo, sin ningún sentido, acabará por hacer inútiles todos nuestros esfuerzos" (A Study of History, IV 30).

Además, proporcionó a la humanidad una meta positiva más allá del tiempo y de los sucesos temporales. Expandió los horizontes humanos más allá de las limitaciones raciales, las diferencias culturales y la variedad de instituciones sociales y políticas.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Clara de Asís, dio impulso decisivo a la renovación de la Iglesia

Clara de Asís, dio impulso decisivo a la renovación de la Iglesia


Ciudad del Vaticano, 15 Set. 10 (AICA).- El papa Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de hoy a Santa Clara de Asís (1193-1253), contemporánea de San Francisco, una de las santas más amadas de la Iglesia y cuyo testimonio "demuestra -dijo el Papa- cuánto deba toda la Iglesia a las mujeres valientes y ricas de fe como ella, capaces de dar un impulso decisivo a la renovación de la Iglesia".

El Santo Padre explicó que Clara nació en una familia rica y aristocrática y que siendo aún muy joven sus parientes decidieron casarla con un personaje de relieve, pero a los 18 años, la santa, con un gesto audaz, en compañía de una amiga e inspirada por un profundo deseo de seguir a Cristo, dejó la casa paterna. Se incorporó al grupo de los Hermanos Menores en la iglesia de la Porciúncula en Asís y fue el mismo Francisco el que la recibió y en una sencilla ceremonia le cortó el cabello y le impuso un hábito penitencial. Desde aquel momento Clara se convirtió en esposa de Cristo, humilde y pobre y a Él se consagró totalmente.

"Sobre todo -prosiguió Benedicto XVI- al principio de su experiencia religiosa Clara tuvo en Francisco de Asís no solo un maestro del que seguir las enseñanzas, sino también un amigo fraternal. La amistad entre estos dos santos es un aspecto bello e importante. Efectivamente, cuando dos almas puras e inflamadas del mismo amor por Dios se encuentran, hallan en la amistad recíproca un fuerte estímulo para recorrer el camino de la perfección. La amistad es uno de los sentimientos humanos más nobles y elevados que la Gracia divina purifica y transfigura".

lunes, 15 de febrero de 2010

El Cristo de San Damián. Descripción del ícono - Richard Moriceau

El Cristo de San Damián
Descripción del ícono
Fray Richard Moriceau, OFMCap


El Crucifijo de San Damián es parte del logotipo de nuestra Fraternidad de Vida Nueva. Contemplar este ícono en su sentido profundo y cristiano, nos ayudará a comprender más adecuadamente nuestra misión dentro de la Iglesia Católica.


El crucifijo de San Damián es un icono de Cristo glorioso. Es el fruto de una reposada meditación, de una detenida contemplación, acompañada de un tiempo de ayuno.

El icono fue pintado sobre tela, poco después del 1100, y luego pegado sobre madera. Obra de un artista desconocido del valle de la Umbría, se inspira en el estilo románico de la época y en la iconografía oriental. Esta cruz, de 2,10 metros de alto por 1,30 de ancho, fue realizada para la iglesita de San Damián, de Asís. Quien la pintó, no sospechaba la importancia que esta cruz iba a tener hoy para nosotros. En ella expresa toda la fe de la Iglesia. Quiere hacer visible lo invisible. Quiere adentrarnos, a través y más allá de la imagen, los colores, la belleza, en el misterio de Dios.

Acojamos, pues, este icono como una puerta del cielo, que nos ha sido abierta merced a un creyente.

Ahora nos toca a nosotros saber mirarla, leerla en sus detalles. Ahora nos toca a nosotros saber rezar.

El de San Damián es, se dice, el crucifijo más difundido del mundo. Es un tesoro para la familia franciscana.

A lo largo de siglos y generaciones, hermanos y hermanas de la familia franciscana se han postrado ante este crucifijo, implorando luz para cumplir su misión en la Iglesia.

Tras de ellos, y siguiendo su ejemplo, incorporémonos a la mirada de Francisco y Clara. ¡Si este Cristo nos hablara también hoy a nosotros!. Orémosle. Escuchémosle. Dirijámonos a él con las mismas palabras de Francisco:

«Sumo, glorioso Dios,
ilumina las tinieblas de mi corazón
y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta,
sentido y conocimiento, Señor,
para cumplir tu santo y verdadero mandamiento» (OrSD).

sábado, 24 de octubre de 2009

Una visión teológica de la historia - P. Alfredo Sáenz


Una visión teológica de la historia

R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ [*]


Estimados:

El próximo viernes 30 de Octubre a partir de las 20.30 hs. contaremos con la presencia del R. P. Alfredo Sáenz, SJ, Licenciado en Filosofía y Doctor en Teología, quien brindará una conferencia titulada "Una visión teológica de la historia".

La misma se realizará en el Multiespacio Cultural "EL CAMINO", Av. Luro 4344 - 1º Piso de nuestra ciudad de Mar del Plata.

En virtud del tema a abordar y el nivel del expositor, es que recomendamos vivamente este encuentro, con entrada libre de aranceles.

Para mayor información, pueden llamar por teléfono al (0223) 495-0465 ó (0223) 154-36-3298.

Organiza:
Fraternidad de Vida Nueva

Invitan:
Fraternidad de Vida Nueva /
Centro de Humanidades Josef Pieper.


lunes, 12 de octubre de 2009

Día de la "Raza". Rezando a Jesucristo y hablando en Español - Etsuo Tirado Hamasaki

Día de la "Raza"
Rezando a Jesucristo y hablando Español
Etsuo Tirado Hamasaki
 

La perspectiva de un mexicano ante el Día de la Raza y el concepto de Hispanidad en el que los iberoamericanos debemos sentirnos incluidos.


Durante mi infancia, cada año se celebraba como un día especial el 12 de Octubre, como el "Día de la Raza". Incluso en los programas oficiales de estudio, tan cargados ideológicamente de indigenismo, se hablaba del Descubrimiento así, con ese nombre, y se le consideraba un gran acontecimiento. El tratamiento a Colón era elogioso, aunque no faltaban elementos de leyenda negra: el mito de las joyas empeñadas por la Reina (que mal podía empeñarlas de nuevo si ya lo había hecho para la campaña que culminó con la conquista de Granada) y el infundio de que la tripulación de las carabelas se había nutrido de malhechores. Pero en general se celebraba como un gran acontecimiento. Era, y de hecho, sigue siendo, un día festivo o feriado en el sentido de ser asueto obligatorio en escuelas y oficinas de gobierno, pero entonces el ambiente era de fiesta nacional. A Colón se le consideraba un héroe de la humanidad, se le dedicaban poemas, discursos, homenajes. A los estudiantes se les encargaban composiciones, dibujos, maquetas... En esos años veíamos aún muy lejano el V Centenario, que suponíamos alcanzaríamos a ver, pero sentíamos que faltaban muchos años.

Fué pasando el tiempo, algunos asistimos a la Universidad, la fecha se acercaba pero aún pensábamos que quedaban muchos años. Nunca hubiera imaginado lo que finalmente sucedió. Una campaña, a nivel internacional y que naturalmente repercutió en México, donde el discurso indigenista siempre había sido un recurso fácil de la demagogia, anuló los festejos que muchos hubiéramos esperado como naturales. Cuando se acercaba, ahora sí, el V Centenario, lejos de analizar serena y objetivamente la historia, los "intelectuales" favorecidos por los medios masivos de comunicación, aquellos a los que se les citaba en todas partes, se les reproducía los artículos, se les entrevistaba, se dedicaron sistemáticamente a una campaña que se negaba a hablar de Descubrimiento, que cuando mucho hablaba de "Encuentro", que se preguntaba en tono estridente si había algo que celebrar, que calificaba a Colón de aventurero despistado, ególatra, mitómano, codicioso... y en fin, que calificaba al descubrimiento y la conquista como un desastre, una desgracia, una intromisión en el mundo feliz de las desarrolladas culturas indígenas por parte de unos codiciosos salvajes que habían venido a destruir la preciosa armonía en que vivían los civilizados naturales de estas tierras. Era un coro de lamentos, con poquísimas y honrosas excepciones, lo que se dejó oir. Porque a los que no compartían esta maniquea visión de la historia, incluso a los que pedían moderación, por lo general no se les permitía el acceso a los medios. Toda esta campaña, de parte de los herederos de quienes crearon y propagaron la Leyenda Negra, no era extraña. Tampoco lo era de nuestra extrema izquierda nacional, ni la del grupo en el poder que siempre quiso crear, desde el siglo XIX, la consciencia e identidad nacional mexicana en base a un mítico México prehispánico que había sucumbido ante la invasión ibérica. Pero lo que terminaba de crear la más completa confusión, era la actitud vergonzante de tantas figuras del gobierno y de la intelectualidad española, que pedían disculpas por haber tenido la imprudencia de descubrir, perdón, de realizar un "encuentro", y de conquistar y civilizar a América, aceptando, cómo no, que no había sido tal labor civilizadora sino sólo un saqueo y una imposición de idioma, religión y costumbres...

Ante tanta confusión, conviene preguntarse ¿qué celebramos el 12 de Octubre? ¿qué es el concepto de Raza que se exalta cuando hablamos de Hispanidad? ¿porqué lo celebramos, o por qué habríamos de seguirlo celebrando, en países que hace dos siglos nos independizamos de esa Madre Patria a la que se le expresan sentimientos tan contradictorios?

domingo, 14 de junio de 2009

La Iglesia que Cristo fundó - Juan Rivas

La Iglesia que Cristo fundó
P. Juan Rivas


Hoy en día es tal la confusión que muchos llegan a preguntarse: ¿Cuál es la verdadera Iglesia que Cristo fundó? Y esto... en el mejor de los casos.

Pues, lamentablemente, muchos otros jamás llegan a esta pregunta crucial. Con el Padre Juan Rivas, emprendamos este desafío de "descubrir" la Iglesia que Cristo fundó a través de los videos que están a continuación.


Video 1




Video 2




Video 3






miércoles, 28 de enero de 2009

España, la Inquisición y la Leyenda Negra - Vittorio Messori


España, la Inquisición y la Leyenda Negra
Vittorio Messori



Bailando con lobos, la película norteamericana que se pone del lado de los indios, ganó siete Oscars.

Hacia mediados de los años sesenta el western se dispuso a experimentar un cambio; las primeras dudas acerca de la bondad de la causa de los pioneros anglosajones provocaron una crisis del esquema «blanco bueno‑piel roja malo». Desde entonces, esa crisis fue en aumento hasta conseguir la inversión del esquema: ahora, las nuevas categorías insisten en ver siempre en el indio al héroe puro y en el pionero al brutal invasor.


Como es lógico, existe el peligro de que la nueva situación se convierta en una especie de nuevo conformismo del hombre occidental PC, politically correct, como se denomina a quien respeta los cánones y tabúes de la mentalidad corriente.

Mientras que antes se producía la excomunión social de todo aquel que no viera un mártir de la civilización y un campeón del patriotismo «blanco» en el coronel George A. Custer, ahora merecería la misma excomunión todo aquel que hablara mal de Toro Sentado y de los sioux, que aquella mañana del 25 de junio de 1876, en Little Big Horn, acabaron con la vida de Custer y con todo el Séptimo de Caballería.

A pesar del riesgo de que aparezcan nuevos eslóganes conformistas, es imposible no acoger con satisfacción el hecho de que se descubran los pasteles de la «otra» América, la protestante, que dio (y da) tantas desdeñosas lecciones de moral a la América católica. Desde el siglo XVI las potencias nórdicas reformadas ‑‑Gran Bretaña y Holanda in primis‑‑ iniciaron en sus dominios de ultramar una guerra psicológica al inventarse la «leyenda negra» de la barbarie y la opresión practicadas por España, con la que estaban enzarzadas en la lucha por el predominio marítimo.

Leyenda negra que, como ocurre puntualmente con todo lo que no está de moda en el mundo laico es descubierta ahora con avidez por curas, frailes y católicos adultos en general, quienes, al protestar con tonos virulentos en contra de las celebraciones por el Quinto Centenario del descubrimiento ignoran que, con algunos siglos de retraso, se erigen en seguidores de una afortunada campaña de los servicios de propaganda británicos y holandeses.

Pierre Chaunu, historiador de hoy, fuera de toda duda por ser calvinista, escribió: «La leyenda antihispánica en su versión norteamericana (la europea hace hincapié sobre todo en la Inquisición) ha desempeñado el saludable papel de válvula de escape. La pretendida matanza de los indios por parte de los españoles en el siglo XVI encubrió la matanza norteamericana de la frontera Oeste, que tuvo lugar en el siglo XIX. La América protestante logró librarse de este modo de su crimen lanzándolo de nuevo sobre la América católica».

Entendámonos, antes de ocuparnos de semejantes temas sería preciso que nos librásemos de ciertos moralismos actuales que son irreales y que se niegan a reconocer que la historia es una señora inquietante, a menudo terrible. Desde una perspectiva realista que debería volver a imponerse, habría que condenar sin duda los errores y las atrocidades (vengan de donde vengan) pero sin maldecir como si se hubiera tratado de una cosa monstruosa el hecho en sí de la llegada de los europeos a las Américas y de su asentamiento en aquellas tierras para organizar un nuevo hábitat.

En historia resulta impracticable la edificante exhortación de «que cada uno se quede en su tierra sin invadir la ajena». No es practicable no sólo porque de ese modo se negaría todo dinamismo a las vicisitudes humanas, sino porque toda civilización es fruto de una mezcla que nunca fue pacífica. Sin ánimo de incodar a la Historia Sagrada misma (la tierra que Dios prometió a los judíos no les pertenecía, sino que se la arrancaron a la fuerza a sus anteriores habitantes), las almas bondadosas que reniegan de los malvados usurpadores de las Américas olvidan, entre otras cosas, que a su llegada, aquellos europeos se encontraron a su vez con otros usurpadores. El imperio de los aztecas y el de los incas se había creado con violencia y se mantenía gracias a la sanguinaria opresión de los pueblos invasores que habían sometido a los nativos a la esclavitud.

A menudo se finge ignorar que las increíbles victorias de un puñado de españoles contra miles de guerreros no estuvieron determinadas ni por los arcabuces ni por los escasísimos cañones (que con frecuencia resultaban inútiles en aquellos climas porque la humedad neutralizaba la pólvora) ni por los caballos (que en la selva no podían ser lanzados a la carga).

Aquellos triunfos se debieron sobre todo al apoyo de los indígenas oprimidos por los incas y los aztecas. Por lo tanto, más que como usurpadores, los ibéricos fueron saludados en muchos lugares como liberadores. Y esperemos ahora a que los historiadores iluminados nos expliquen cómo es posible que en más de tres siglos de dominio hispánico no se produjesen revueltas contra los nuevos dominadores, a pesar de su número reducido y a pesar de que por este hecho estaban expuestos al peligro de ser eliminados de la faz del nuevo continente al mínimo movimiento. La imagen de la invasión de América del Sur desaparece de inmediato en contacto con las cifras: en los cincuenta años que van de 1509 a 1559, es decir, en el período de la conquista desde Florida al estrecho de Magallanes, los españoles que llegaron a las Indias Occidentales fueron poco más de quinientos (¡sí, sí quinientos!) por año. En total, 27 787 personas en ese medio siglo.

Volviendo a la mezcla de pueblos con los que es preciso hacer las cuentas de un modo realista, no debemos olvidar, por ejemplo, que los colonizadores de América del Norte provenían de una isla que a nosotros nos resulta natural definir como anglosajona. En realidad, era de los britanos, sometidos primero por los romanos y luego por los bárbaros germanos ‑‑ precisamente los anglos y los sajones‑‑que exterminaron a buena parte de los indígenas y a la otra la hicieron huir hacia las costas de Galia donde, después de expulsar a su vez a los habitantes originarios, crearon la que se denominó Bretaña. Por lo demás ninguna de las grandes civilizaciones (ni la egipcia, ni la romana, ni la griega, sin olvidar nunca la judía) se creó sin las correspondientes invasiones y las consiguientes expulsiones de los primeros habitantes.

Por lo tanto, al juzgar la conquista europea de las Américas será preciso que nos cuidemos de la utopía moralista a la que le gustaría una historia llena de reverencias, de buenas maneras, y de «faltaba más, usted primero».

Aclarado este punto, es preciso que digamos también que hay conquistas y conquistas (y en películas como la muy premiada Bailando con lobos se empieza a entender) y que la católica fue ampliamente preferible a la protestante.

Como escribió Jean Dumont, otro historiador contemporáneo: «Si, por desgracia, España (y Portugal) se hubiera pasado a la Reforma, se hubiera vuelto puritana y hubiera aplicado los mismos principios que América del Norte ("lo dice la Biblia, el indio es un ser inferior, un hijo de Satanás"), un inmenso genocidio habría eliminado de América del Sur a todos los pueblos indígenas. Hoy en día, al visitar las pocas "reservas" de México a Tierra del Fuego, los turistas harían fotos a los supervivientes, testigos de la matanza racial, llevada a cabo además sobre la base de motivaciones "bíblicas” ».

Efectivamente, las cifras cantan: mientras que los pieles rojas que sobreviven en América del Norte son unos cuantos miles, en la América ex española y ex portuguesa, la mayoría de la población o bien es de origen indio o es fruto de la mezcla de precolombinos con europeos y (sobre todo en Brasil) con africanos.

La cuestión de las distintas colonizaciones de las Américas (la ibérica y la anglosajona) es tan amplia, y son tantos los prejuicios acumulados, que sólo podemos ofrecer algunas observaciones.
Volvamos a la población indígena, tal como señalamos prácticamente desaparecida en los Estados Unidos de hoy, donde están registradas como «miembros de tribus indias» aproximadamente un millón y medio de personas. En realidad, esta cifra, de por sí exigua, se reduciría aún más si consideramos que para aspirar al citado registro basta con tener una cuarta parte de sangre india.

En el sur la situación es exactamente la contraria; en la zona mexicana, en la andina y en muchos territorios brasileños, casi el noventa por ciento de la población o bien desciende directamente de los antiguos habitantes o es fruto de la mezcla entre los indígenas y los nuevos pobladores. Es más, mientras que la cultura de Estados Unidos no debe a la india más que alguna palabra, ya que se desarrolló a partir de sus orígenes europeos sin que se produjese prácticamente ningún intercambio con la población autóctona, no ocurre lo mismo en la América hispano-portuguesa, donde la mezcla no sólo fue demográfica sino que dio origen a una cultura y una sociedad nuevas, de características inconfundibles.

Sin duda, esto se debe al distinto grado de desarrollo de los pueblos que tanto los anglosajones como los ibéricos encontraron en aquellos continentes, pero también se debe a un planteamiento religioso distinto. A diferencia de los católicos españoles y portugueses, que no dudaban en casarse con las indias en las que veían seres humanos iguales a ellos, a los protestantes (siguiendo la lógica de la que ya hemos hablado y que tiende a hacer retroceder hacia el Antiguo Testamento al cristianismo reformado) los animaba una especie de «racismo» o al menos, el sentido de superioridad, de «estirpe elegida», que había marcado a Israel. Esto, sumado a la teología de la predestinación (el indio es subdesarrollado porque está predestinado a la condenación, el blanco es desarrollado como signo de elección divina) hacía que la mezcla étnica e incluso la cultural fueran consideradas como una violación del plan providencial divino.

Así ocurrió no sólo en América y con los ingleses sino en todas las demás zonas del mundo a las que llegaron los europeos de tradición protestante. El apartheid sudafricano, por citar el ejemplo más clamoroso, es una creación típica y teológicamente coherente del calvinismo holandés. Sorprende, por lo tanto, esa especie de masoquismo que hace poco impulsó a la Conferencia de obispos católicos sudafricanos a sumarse, sin mayores distinciones ni precisiones, a la Declaración de arrepentimiento» de los cristianos blancos hacia los negros de aquel país. Sorprende porque aunque por parte de los católicos pudo haber algún comportamiento condenable, digno comportamiento, al contrario de lo ocurrido en el caso protestante, iba en contra de la teoría y la práctica católicas. Pero da igual, hoy por hoy, parece ser que existen no pocos clericales dispuestos a endilgarle a su Iglesia culpas que no tiene.

Las formas de conquista de las Américas se originan precisamente en las distintas teologías: los españoles no consideraron a los pobladores de sus territorios como una especie de basura que había que eliminar para poder instalarse en ellos como dueños y señores. Se reflexiona poco sobre el hecho de que España (a diferencia de Gran Bretaña) no organizó nunca su imperio americano en colonias, sino en provincias. Y que el rey de España no se ciñó nunca la corona de emperador de las Indias, a diferencia de cuanto hará, incluso a principios del siglo XX, la monarquía inglesa. Desde el comienzo, y más tarde, con implacable constancia, durante toda la historia posterior, los colonos protestantes se consideraron con el derecho, fundado en la misma Biblia, de poseer sin problemas ni limitaciones toda la tierra que lograran ocupar echando o exterminando a sus habitantes. Estos últimos, como no formaban parte del «nuevo Israel» y como llevaban la marca de una predestinación negativa, quedaron sometidos al dominio total de los nuevos amos.

El régimen de suelos instaurado en las distintas zonas americanas confirma esta diferencia de las perspectivas y explica los distintos resultados: en el sur se recurrió al sistema de la encomienda, figura jurídica de inspiración feudal, por la cual el soberano concedía a un particular un territorio con su población incluida, cuyos derechos eran tutelados por la Corona, que seguía siendo la verdadera propietaria. No ocurrió lo mismo en el norte, donde primero los ingleses y después el gobierno federal de Estados Unidos se declararon propietarios absolutos de los territorios ocupados y por ocupar; toda la tierra era cedida a quien lo deseara al precio que se fijó posteriormente en una media de un dólar por acre. En cuanto a los indios que podían habitar esas tierras, correspondía a los colonos alejarlos o mejor aún, exterminarlos, con la ayuda del ejército si era preciso.

El término «exterminio» no es exagerado y respeta la realidad concreta. Por ejemplo, muchos ignoran que la práctica de arrancar el cuero cabelludo era conocida tanto por los indios del norte como por los del sur. Pero entre estos últimos desapareció pronto, prohibida por los españoles. No ocurrió lo mismo en el norte. Por citar un ejemplo, la entrada correspondiente en una enciclopedia nada sospechosa como la Larousse dice: «La práctica de arrancar el cuero cabelludo se difundió en el territorio de lo que hoy es Estados Unidos a partir del siglo XVII, cuando los colonos blancos comenzaron a ofrecer fuertes recompensas a quien presentara el cuero cabelludo de un indio fuera hombre, mujer o niño ».

En 1703 el gobierno de Massachussets pagaba doce libras esterlinas por cuero cabelludo, cantidad tan atrayente que la caza de indios, organizada con caballos y jaurías de perros, no tardó en convertirse en una especie de deporte nacional muy rentable. El dicho «el mejor indio es el indio muerto», puesto en práctica en Estados Unidos, nace no sólo del hecho de que todo indio eliminado constituía una molestia menos para los nuevos propietarios, sino también del hecho de que las autoridades pagaban bien por su cuero cabelludo. Se trataba pues de una práctica que en la América católica no sólo era desconocida sino que, de haber tratado alguien de introducirla de forma abusiva, habría provocado no sólo la indignación de los religiosos, siempre presentes al lado de los colonizadores, sino también las severas penas establecidas por los reyes para tutelar el derecho a la vida de los indios.

Sin embargo, se dice que millones de indios murieron también en América Central y del Sur. Murieron, qué duda cabe, pero no como para estar al borde de la desaparición como en el norte. Su exterminio no se debió exclusivamente a las espadas de acero de Toledo y a las armas de fuego (que, como ya vimos, casi siempre fallaban), sino a los invisibles y letales virus procedentes del Viejo Mundo.

El choque microbiano y viral que en pocos años causó la muerte de la mitad de la población autóctona de Iberoamérica fue estudiado por el grupo de Berkeley, formado por expertos de esa universidad. El fenómeno es comparable a la peste negra que, procedente de India y China, asoló Europa en el siglo XIV. Las enfermedades que los europeos llevaron a América como la tuberculosis, la pulmonía, la gripe, el sarampión o la viruela eran desconocidas en el nicho ecológico aislado de los indios, por lo tanto, éstos carecían de las defensas inmunológicas para hacerles frente. Perro resulta evidente que no se puede responsabilizar de ello a los europeos, víctimas de las enfermedades tropicales a las que los indios resistían mejor. Es de justicia recordar aquí, cosa que se hace con poca frecuencia, que la expansión del hombre blanco fuera de Europa asumió a menudo el aspecto trágico de una hecatombe, con una mortalidad que, en el caso de ciertos barcos, ciertos climas y ciertos autóctonos, alcanzó cifras impresionantes.

Al desconocer los mecanismos del contagio (faltaba mucho aún para Pasteur) hubo hombres como Bartolomé de las Casas ‑‑figura controvertida que habrá que analizar prescindiendo de esquemas simplificadores‑‑ que fueron víctimas del equívoco: al ver que aquellos pueblos disminuían drásticamente, sospecharon de las armas de sus compatriotas, cuando en realidad no eran las armas las asesinas, sino los virus. Se trata de un fenómeno de contagio mortífero observado más recientemente entre las tribus que permanecieron aisladas en la Guayana francesa y en la región del Amazonas, en Brasil.

La costumbre española de decir ¡Jesús!, a manera de augurio a quien estornuda, nace del hecho de que un simple resfriado (del cual el estornudo es síntoma) solía ser mortal para los indígenas que lo desconocían y para el que carecía de defensas biológicas.


Autor:
Vittorio Messori

Fuente:
Tomado del libro Leyendas Negras de la Iglesia


lunes, 22 de septiembre de 2008

Galileo Galilei - Vittorio Messori

Galileo Galilei
Vittorio Messori


Según una encuesta del Consejo de Europa realizada entre los estudiantes de ciencias de todos los países de la Comunidad, casi el 30% de ellos tiene el convencimiento de que Galileo Galilei fue quemado vivo en la hoguera por la Iglesia. Casi todos (el 97%), de cualquier forma, están convencidos de que fue sometido a torturas. Los que -realmente, no muchos- tienen algo más que decir sobre el científico pisano, recuerdan como frase "absolutamente histórica" un "Eppur si muove!", fieramente arrojado, después de la lectura de la sentencia contra los inquisidores convencidos de poder detener el movimiento de la Tierra con los anatemas teológicos.

Estos estudiantes se sorprenderían si alguien les dijera que estamos ahora en la afortunada situación de poder datar con precisión por lo menos este último falso detalle: la "frase histórica" fue inventada en Londres en 1757 por Giuseppe Baretti, periodista tan brillante como a menudo muy poco fehaciente.

El 22 de junio de 1633, en Roma, en el convento dominicano de Santa Maria sopra Minerva, después de oír la sentencia, el "verdadero" Galileo (no el del mito) dio las gracias a los diez cardenales -tres de los cuales habían votado a favor de su absolución- por una pena tan moderada. Porque también era consciente de haber hecho lo posible para indisponer al tribunal, entre otras cosas intentando tomarles el pelo a esos jueces -entre los cuales había hombres de ciencia de su misma envergadura- asegurando que en realidad en el libro impugnado (que se había impreso con una aprobación eclesiástica arrebatada con engaño) había sostenido lo contrario de lo que se podía creer.

martes, 16 de septiembre de 2008

El "Jesús de la historia" es una construcción ideológica - Mons. Martínez Fernández

El “Jesús de la historia” es una construcción ideológica
Mons. Francisco Javier Martínez Fernández


Madrid (España), 15 Jul. 08 (AICA).- "Lo que con frecuencia se llama ‘el Jesús de la historia’, por contraposición al también llamado ‘Cristo de la fe’, no es más que una construcción ideológica de la modernidad ilustrada o post-ilustrada, para justificar con un ‘halo’ científico, su rechazo a la fe y a la tradición cristianas", precisó el arzobispo de Granada (España), monseñor Francisco Javier Martínez Fernández.

En una entrevista luego de su exposición “Cristo de la historia, Jesús de la fe”, pronunciada en la inauguración del Simposio dedicado al libro “Jesús de Nazaret” de Benedicto XVI en la Universidad de Nottingham, Inglaterra, el prelado español explicó que lo malo de los libros que hacen esta oposición “no es que vayan contra la tradición de la Iglesia, sino que, desde el punto de vista histórico, estén tan cargados de ideología moderna".

Seguidamente señaló que "ese es, en el fondo, el problema principal de un libro que se difundió mucho recientemente en España, el de José Antonio Pagola (igual que el de tantos otros que tuvieron las mismas pretensiones antes que él): que son ‘reconstrucciones’ que, aprovechándose del prestigio de que goza entre la gente sencilla la pretensión, típicamente ilustrada, de que uno está haciendo ‘ciencia histórica’, y como esto que se ofrece encaja tan perfectamente en las categorías dominantes de la cultura actual, la gente no percibe que lo que se les ofrece no es en absoluto ‘historia’, sino una construcción humana al servicio de una ideología (por lo general de moda)".

lunes, 15 de septiembre de 2008

El caso Galileo - Horacio Boló


El caso Galileo
Dr. Horacio Boló


No debe haber episodio más utilizado, junto con las Cruzadas, para denostar a la Iglesia Católica que el caso de Galileo Galilei. Veamos qué sucedió realmente, cómo fue el proceso, por qué se lo condenó y a qué se lo condenó.


Galileo nació en Italia en la ciudad de Pisa en 1564 y murió en Florencia en 1642. Su familia quería que fuera médico pero desde muy joven se inclinó por la filosofía natural y en este campo su gran mérito fue combinar la experimentación con el cálculo matemático. Un rasgo característico de su personalidad era su vehemencia en las discusiones y no contento con refutar a sus adversarios trataba de confundirlos e incluso los ridiculizaba despiadadamente. Al respecto Sir David Brewster dijo acertadamente que "La audacia, cuando no la imprudencia, con la que insistía en convencer a sus enemigos en general sólo lograba alejarlos de la verdad”. Este rasgo es necesario tenerlo en cuenta porque fue una de las causas por las que tuvo tantos problemas.

Vale la pena destacar que todo el mundo lo recuerda como astrónomo, pero no es esa el área de la ciencia en la que se destacó. Sus principales aportes al conocimiento científico fueron en la mecánica. En astronomía su gran aporte fue la invención del telescopio, pero en este campo cometió grandes errores, como por ejemplo, afirmar que los planetas Venus y Mercurio eran trasparentes y que la luz del sol pasaba a través de ellos. O pensar que los cometas eran sólo fenómenos meteorológicos.

Sus problemas empezaron cuando comenzó a defender las teorías de Copérnico por lo que resulta muy importante hacer un breve resumen de la vida y la obra de Copérnico. Nicolás Copérnico nació en 1473 en el seno de una familia de origen polaco profundamente católica que pertenecía a la Orden Tercera de San Domingo (Dominicos), es más, dos de sus hermanos fueron sacerdotes y su hermana entró en la Orden Cisterciense, llegando a ser Abadesa. Murió en 1543. En el año 1537 el Rey de Polonia lo propuso como obispo de una de las diócesis, lo que lleva a pensar que fue sacerdote, es decir, seis años después que se conocieron sus teorías astronómicas. En el año 1514 el Concilio de Letrán le pidió su opinión sobre la reforma del calendario eclesiástico… respondió que debía hacer otros estudios antes de responder y estos estudios fueron la base del Calendario Gregoriano. En el año 1531 comienza a conocerse su teoría en la que sostenía que la tierra giraba alrededor del sol y no el sol alrededor de la tierra. En el año 1533 sus investigaciones les fueron leídas al Papa Clemente VII y tres años después un Cardenal Arzobispo de Capua le dice que debe publicar sus trabajos. Es importante subrayar que ya en el título de su obra dice que su teoría es una hipótesis y se la dedica al Papa Pablo III. Esto nos demuestra claramente que no tuvo ningún problema con la Iglesia Católica, a la que pertenecía. Los primeros en oponerse a sus teorías fueron los teólogos luteranos. Hay que subrayar que la teoría de Copérnico va a ser demostrada científicamente muchos años después y que en la época de Galileo era una teoría, una hipótesis no probada científicamente y Galileo tampoco ofreció una verdadera prueba de esta teoría.

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