lunes, 15 de septiembre de 2008

El caso Galileo - Horacio Boló


El caso Galileo
Dr. Horacio Boló


No debe haber episodio más utilizado, junto con las Cruzadas, para denostar a la Iglesia Católica que el caso de Galileo Galilei. Veamos qué sucedió realmente, cómo fue el proceso, por qué se lo condenó y a qué se lo condenó.


Galileo nació en Italia en la ciudad de Pisa en 1564 y murió en Florencia en 1642. Su familia quería que fuera médico pero desde muy joven se inclinó por la filosofía natural y en este campo su gran mérito fue combinar la experimentación con el cálculo matemático. Un rasgo característico de su personalidad era su vehemencia en las discusiones y no contento con refutar a sus adversarios trataba de confundirlos e incluso los ridiculizaba despiadadamente. Al respecto Sir David Brewster dijo acertadamente que "La audacia, cuando no la imprudencia, con la que insistía en convencer a sus enemigos en general sólo lograba alejarlos de la verdad”. Este rasgo es necesario tenerlo en cuenta porque fue una de las causas por las que tuvo tantos problemas.

Vale la pena destacar que todo el mundo lo recuerda como astrónomo, pero no es esa el área de la ciencia en la que se destacó. Sus principales aportes al conocimiento científico fueron en la mecánica. En astronomía su gran aporte fue la invención del telescopio, pero en este campo cometió grandes errores, como por ejemplo, afirmar que los planetas Venus y Mercurio eran trasparentes y que la luz del sol pasaba a través de ellos. O pensar que los cometas eran sólo fenómenos meteorológicos.

Sus problemas empezaron cuando comenzó a defender las teorías de Copérnico por lo que resulta muy importante hacer un breve resumen de la vida y la obra de Copérnico. Nicolás Copérnico nació en 1473 en el seno de una familia de origen polaco profundamente católica que pertenecía a la Orden Tercera de San Domingo (Dominicos), es más, dos de sus hermanos fueron sacerdotes y su hermana entró en la Orden Cisterciense, llegando a ser Abadesa. Murió en 1543. En el año 1537 el Rey de Polonia lo propuso como obispo de una de las diócesis, lo que lleva a pensar que fue sacerdote, es decir, seis años después que se conocieron sus teorías astronómicas. En el año 1514 el Concilio de Letrán le pidió su opinión sobre la reforma del calendario eclesiástico… respondió que debía hacer otros estudios antes de responder y estos estudios fueron la base del Calendario Gregoriano. En el año 1531 comienza a conocerse su teoría en la que sostenía que la tierra giraba alrededor del sol y no el sol alrededor de la tierra. En el año 1533 sus investigaciones les fueron leídas al Papa Clemente VII y tres años después un Cardenal Arzobispo de Capua le dice que debe publicar sus trabajos. Es importante subrayar que ya en el título de su obra dice que su teoría es una hipótesis y se la dedica al Papa Pablo III. Esto nos demuestra claramente que no tuvo ningún problema con la Iglesia Católica, a la que pertenecía. Los primeros en oponerse a sus teorías fueron los teólogos luteranos. Hay que subrayar que la teoría de Copérnico va a ser demostrada científicamente muchos años después y que en la época de Galileo era una teoría, una hipótesis no probada científicamente y Galileo tampoco ofreció una verdadera prueba de esta teoría.

Es innegable que las pruebas que Galileo aducía para probar la idea copernicana del movimiento de la tierra alrededor del sol estaban muy lejos de ser concluyentes. Por ejemplo, una de las pruebas que presentó era el fenómeno de las mareas, ya que pensaba que se debían a la rotación de la tierra sobre su eje y hoy esto se reconoce como un grave error, porque se sabe que se deben a la influencia de la luna, idea que había sugerido Kepler, idea que Galileo trató con desprecio, calificando de imbéciles a los que pensaban de esa manera.

Siempre se dice que la oposición de las autoridades de la Iglesia contra Galileo se debe a que ésta odiaba las ciencias y deseaba mantener a las inteligencias en la oscuridad. Lo que hemos resumido de la vida y obra de Copérnico muestran bien a las claras que esto no era así: él, que era católico y que no tuvo ningún problema con la Iglesia, fue el primero en decir que la tierra giraba alrededor del sol y sí fue condenado por Lutero.

Los opositores de Galileo estaban firmemente convencidos, al igual que Bacon y otros, que la teoría de Galileo era falsa y no científica, lo cual en cierta medida es cierto ya que no tenía pruebas suficientes que la avalaran. En 1615 es recibido en Roma por la Inquisición quien le dice que su teoría no es científica y que va en contra de las escrituras (recordemos que lo mismo pensaban Lutero y Calvino) y prohibieron las obras que sostenían las ideas de Copérnico, sin mencionar explícitamente el nombre Galileo. No se lo nombra al Papa en la sentencia. Es innegable que estas autoridades eclesiásticas cometieron en esto un craso error. Pero hay que señalar que no se objetó que se la sostuviera como una hipótesis y se decía que por motivos prácticos podía ser utilizada por los astrónomos.Vale la pena destacar que las autoridades de la Iglesia no consideraban este juicio como irreversible y el Cardenal Bellarmino, una de las autoridades más influyentes en el Sacro Colegio, escribió a Foscarini, un carmelita que apoyaba las tesis de Galileo, este párrafo tremendamente significativo: "Afirmo que si se encuentra una prueba real de que el sol está fijo y que no se mueve alrededor de la tierra, sino que es la tierra la que gira alrededor del sol, entonces será necesario, muy cuidadosamente, proceder a explicar los pasajes de la Escritura que parecen contradecirlo y deberíamos decir que nosotros los hemos malinterpretado antes que decir que es falso lo que está demostrado”.

Galileo pudo continuar sus investigaciones sin ser molestado y sus trabajos podían ser leídos con permiso por los dedicados a la investigación.

Vuelve a Roma en 1624 donde él mismo dice que recibió "una noble y generosa recepción”. El Papa, en ese entonces Urbano III, era amigo de él al igual que el Cardenal Barberini que se había opuesto a su condena en 1616. Le conceden una pensión para que continuara sus estudios pero no se anuló su condena.

Publica una obra que es un diálogo entre dos partidarios de sus teorías y uno que defiende la vieja teoría de que la tierra no se mueve. Se trataba de una sátira y este último personaje es dejado en ridículo. Es entonces nuevamente citado por la Inquisición en 1633, ya que había violado su promesa de no escribir más sobre el tema hasta que aportara pruebas concluyentes. Se lo condena a prisión y a recitar los siete salmos penintenciales una vez por semana durante tres años. No vayamos a pensar que fue encarcelado en oscura celda. En manos de la Inquisición estuvo sólo 22 días y no en una celda con barrotes, sino en un cómodo apartamento del Santo Oficio. Luego se le permitió usar las casas de sus amigos para cumplir su condena, por ejemplo el palacio del Arzobispo de Siena que lo apreciaba mucho. Nunca fue torturado ni se lo dejó ciego: perdió la vista 4 años después del proceso. Murió en el 1642 a los 78 años. Tampoco se le negó sepultura en un lugar sagrado: fue sepultado dentro de la Iglesia de la Santa Croce en Florencia. El Papa Urbano VIII, aunque no permitió que se levantara un monumento sobre su tumba, le mandó una bendición especial y tuvo además indulgencia plenaria.

Un hecho llamativo es que se autorizó a varios contemporáneos de Galileo, después de la condena de 1616, a declarar que el Papa no había condenado explícitamente las teorías de Copérnico que defendía Galileo. No es la Iglesia como institución la que condena a Galileo sino la Inquisición y en esta condena, que por supuesto fue un gran error, mucho tuvo que ver su personalidad soberbia y despreciativa que aprovecharon muchos de sus enemigos para obtener su condena.

Por otro lado todo hecho histórico debe ser juzgado en el contexto de la época. Nunca leí, ni ví, ni oí en ningún medio de comunicación y tampoco nadie me contó que Lutero excomulgó a Copérnico y a Kepler o que Calvino mandó a quemar en la hoguera a Servet pionero en el conocimiento y en la investigación de circulación sanguínea, condenas mucho más graves que la que tuvo Galileo, condena que afectara muy poco su vida personal y nada a la ciencia. A mi no se me ocurre que los luteranos y los calvinistas tengan que pedir perdón por estos hechos.

Es totalmente falso que al levantarse al terminar de escuchar la sentencia haya dicho la famosa frase "Epur si muove" (sin embargo se mueve, refiriéndose a la tierra)… la frase fue inventada en Londres por un periodista, Giuseppe Baretti, en 1757.

Kepler, contemporáneo de Galileo, fue muy perseguido por el protestantismo y debió refugiarse en Praga y allí le llegó una invitación para enseñar en la Universidad de Boloña que se encontraba en territorio pontificio.

Mientras cumplía su "condena”, que como hemos visto era bastante light, escribió obras importantes desde el punto de vista científico.





1 comentario:

  1. Muy buena la aclaración Todos los católicos deberíamos conocerla Importante otras épocas otros modos de ver.la vida q no se pueden juzgar con el comportamiento los conocimientos y el modus vivendi del siglo XXI;gracias

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