Mostrando las entradas con la etiqueta Pontificio Consejo para los Laicos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Pontificio Consejo para los Laicos. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de mayo de 2010

Se necesita políticos laicos realmente cristianos, afirma el Papa Benedicto XVI

Se necesita políticos laicos realmente cristianos, afirma el Papa Benedicto XVI


VATICANO, 21 May. 10 (ACI).- Al recibir esta mañana a los participantes de la 24° asamblea plenaria del Pontificio Consejo para los Laicos que reflexionan en torno al tema "Testigos de Cristo en la comunidad política", el Papa Benedicto XVI destacó que el mundo y la cultura actual necesitan con urgencia políticos laicos que sean auténticamente cristianos que hagan presentes en la esfera pública el mensaje siempre vigente del Evangelio.

En su discurso el Santo Padre señaló que si bien la Iglesia no tiene como misión "la formación técnica de los políticos", sin embargo, "da su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas".

"Corresponde a los fieles laicos mostrar concretamente en la vida personal y familiar, en la vida social, cultural y política, que la fe permite leer en modo nuevo y profundo la realidad y transformarla".

Seguidamente el Papa resaltó que "los fieles laicos deben participar activamente en la vida política, de manera siempre coherente con las enseñanzas de la Iglesia, compartiendo razones bien fundadas y grandes ideales en el proceso democrático y en la búsqueda de un consenso amplio con todos los que se preocupan de la defensa de la vida y de la libertad, la custodia de la verdad y del bien de la familia, la solidaridad con los necesitados y la búsqueda necesaria del bien común".

Benedicto XVI subrayó también que "se necesita políticos auténticamente cristianos, pero sobre todo fieles laicos que sean testigos de Cristo y del Evangelio en la comunidad civil y política. Esta exigencia debe estar claramente presente en los programas educativos de las comunidades eclesiales y requiere nuevas formas de acompañamiento y apoyo por parte de los pastores".

"La pertenencia de los cristianos a las asociaciones de fieles, a los movimientos eclesiales y nuevas comunidades, puede ser una buena escuela para estos discípulos y testigos, sostenidos por la riqueza carismática, comunitaria, educativa y misionera de estas realidades", agregó.

El Papa señaló que "la difusión de un relativismo cultural confuso y de un individualismo utilitarista y hedonista debilita la democracia y favorece el dominio de los poderes fuertes. Es necesario recuperar y reforzar una sabiduría política auténtica; ser exigentes en lo que concierne a la propia competencia; servirse críticamente de las investigaciones de las ciencias humanas; afrontar la realidad en todos sus aspectos, superando reduccionismos ideológicos o pretensiones utópicas; mostrarse abiertos a todo diálogo y colaboración verdaderos".

Estas tareas, concluyó el Santo Padre, deben realizarse "teniendo en cuenta que la política también es un complejo arte de equilibrio entre ideales e intereses, pero sin olvidar que la contribución de los cristianos es decisiva únicamente si la inteligencia de la fe se convierte en inteligencia de la realidad, clave de juicio y de transformación. Es necesaria una verdadera 'revolución del amor' ".



lunes, 1 de diciembre de 2008

Los Movimientos Eclesiales, Respuesta del Espíritu Santo a los Desafíos de la Evangelización, Hoy - Mons. Stanislaw Rylko


Los Movimientos Eclesiales, 
Respuesta del Espíritu Santo a los Desafíos de la Evangelización, Hoy
Mons. Stanislaw Rylko


Intervención pronunciada por el Arzobispo Stanislaw Rylko, Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, el 9 de marzo del 2006, al inaugurar el Primer Congreso de Movimientos Eclesiales y de las Nuevas Comunidades de América Latina.


1. El mayor desafío lanzado a la Iglesia, a principios de este milenio, es la tarea que le ha sido confiada desde siempre: la evangelización. En toda época, y por tanto en la nuestra, la Iglesia está llamada a acoger nuevamente el mandato misionero de Cristo resucitado: «Poneos, pues en camino, haced discípulos a todos los pueblos y bautizadlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que os he mandado» (Mt 28, 19-20) Para Mateo, hacerse «discípulos» y hacerse «cristianos» significa lo mismo [1]. «Hacer discípulos» es el núcleo de la vocación de la Iglesia y de su misión en todos los tiempos. La Iglesia fundada por Cristo es enviada al mundo para evangelizar, vive permanentemente en estado de misión y tiene su razón de ser en la misión.

La evangelización del mundo actual - la nueva evangelización de la que tanto se habla y que tanto interesaba al Siervo de Dios Juan Pablo II - es una tarea en la cual la Iglesia pone muchas esperanzas; pero también tiene plena conciencia de los innumerables obstáculos que se presentan a su obra, tanto por los cambios extraordinarios que se han realizado en la vida de los individuos y en las sociedades, como, y sobre todo, por una cultura postmoderna en grave crisis. El creciente proceso de secularización y una auténtica «dictadura del relativismo» (Benedicto XVI) van generando en muchos de nuestros contemporáneos una tremenda carencia de valores, acompañada por un alegre nihilismo, y termina en una alarmante erosión de la fe, en una especie de «apostasía silenciosa» (Juan Pablo II), en un «extraño olvido de Dios» (Benedicto XVI). A esta situación, que se puede verificar tristemente en los países de antigua tradición cristiana, sirve de contra-altar, por decirlo así, un «boom religioso» ambivalente y ambiguo. El Papa habló de esto en Colonia, en el mes de agosto del año pasado, diciendo: «No quiero desacreditar todo lo que se sitúa en este contexto (...). Pero a menudo, la religión se convierte casi en un producto de consumo. Se escoge aquello que gusta, y algunos saben también sacarle provecho» [2] Piénsese en la invasión de las sectas, en la difusión de modos de vida y actitudes dictados por el New Age, en los fenómenos para-religiosos como el ocultismo y la magia. El mundo globalizado se ha vuelto, en verdad, una gigantesca tierra de misión. Como dice el Salmista con tonos dramáticos: «El Señor mira desde los cielos a los hombres para ver si queda alguien juicioso que busque a Dios» (Sal 14, 2). En nuestros días, es más urgente que nunca anunciar a Jesucristo en los grandes areópagos modernos de la cultura, de la ciencia, de la economía, de la política y de los mass-media. La mies evangélica es mucha y los obreros son pocos (cfr. Mt 9, 37). En este campo vital para la Iglesia es preciso, hoy, un viraje radical de las mentalidades, un auténtico, nuevo despertar de las conciencias de todos. Se necesitan nuevos métodos, nuevas expresiones y un nuevo coraje [3]. Al comenzar el tercer milenio, el Siervo de Dios Juan Pablo II exhortaba así a la Iglesia: «He repetido muchas veces en estos años la llamada a la nueva evangelización . La reitero ahora, sobre todo para indicar que hace falta reavivar en nosotros el impulso de los orígenes, dejándonos impregnar por el ardor de la predicación apostólica después de Pentecostés. Hemos de revivir en nosotros el sentimiento apremiante de Pablo, que exclamaba: "¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!" (1Cor 9, 16)» [4]. Hablando a los Obispos alemanes en Colonia, el Papa Benedicto XVI pronunció al respecto unas palabras que dejan entrever un profundo anhelo apostólico: «Deberíamos reflexionar seriamente sobre el modo como podemos realizar hoy una verdadera evangelización, no sólo una nueva evangelización, sino con frecuencia una auténtica primera evangelización. Las personas no conocen a Dios, no conocen a Cristo. Existe un nuevo paganismo y no basta que tratemos de conservar a la comunidad creyente, aunque esto es muy importante (...). Creo que todos juntos debemos tratar de encontrar modos nuevos de llevar el Evangelio al mundo actual, anunciar de nuevo a Cristo y establecer la fe» [5]. Estas orientaciones de los dos Sumos Pontífices servirán para guiar nuestra reflexión por el hilo que une la evangelización del mundo actual a los movimientos eclesiales y a las nuevas comunidades.


Entrada destacada

Magnifica humanitas: luces y sombras en la Encíclica inaugural de León XIV - Mario Caponnetto

Magnifica humanitas : luces y sombras en la Encíclica inaugural de León XIV Mario Caponnetto               Finalmente, el pasado 25 de mayo ...