jueves, 14 de agosto de 2014

Sobre el libro-entrevista al Cardenal Müller - Luis Fernando Pérez Bustamante

Sobre el libro-entrevista al Cardenal Müller
Luis Fernando Pérez Bustamante


[08/08/2014] Como informamos hace casi un mes -algunos parecen haberlo descubierto ahora-, la BAC sacó un librito-entrevista al Cardenal Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. A los dos días que publicáramos la noticia, me lo leí. Se tarda apenas una hora, hora y media en hacerlo, así que como se pueden imaginar, no ocupa un lugar físico importante en la estantería.

Seamos claros. El Cardenal no dice nada nuevo, pero ha prestado un magnífico servicio a la Iglesia con este librito. Explica la doctrina de la Iglesia sobre el sacramento del matrimonio, su indisolubilidad, el carácter pecaminoso del adulterio -divorciados vueltos a casar-, la necesidad de no estar en pecado mortal para acercarse a comulgar, etc. Y añade, cosa que tampoco es nuevo, que ni un Papa ni un Concilio ecuménico puede cambiar la doctrina de la Iglesia.

Ahora bien, las cosas se pueden explicar mal, regular, bien o muy bien. Y el Prefecto las explica muy bien. Una vez que está clara cuál es la doctrina católica sobre esas cuestiones, aborda el peligro de una idea que corre libremente por el seno de la Iglesia. Y es eso de que una cosa es la sana doctrina y otra lo que la gente debe vivir, y una cosa es la misericordia de Dios por un lado y por otro lado su justicia. Dice el prelado alemán, del que les recuerdo que su opinión tiene más peso magisterial que la de cualquier otro Cardenal -obviamente no más que la del Papa- debido a su cargo:

«La separación entre vida y doctrina es propia del dualismo gnóstico. Como lo es separar justicia y misericordia, Dios y Cristo, Cristo Maestro y Cristo Pastor o separar a Cristo de la Iglesia. Hay un solo Cristo. Cristo es el garante de la unidad entre la Palabra de Dios, la doctrina y el testimonio con la propia vida. Todo cristiano sabe que sólo a través de la sana doctrina podemos conseguir la vida eterna».

Lo repito por si alguno no lo ha leído:

«Todo cristiano sabe que sólo a través de la sana doctrina podemos conseguir la vida eterna»

¿Que no se han dado cuenta aún? Pues una vez más:

«Todo cristiano sabe que sólo a través de la sana doctrina podemos conseguir la vida eterna»

Tampoco es que el Cardenal Müller se saque esa frase de la manga. Aquí la tienen ustedes en la Escritura:
«Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren»
(1 Tim 4, 16)

Y vean ustedes el papel que se le da a la buena doctrina en el resto del Nuevo Testamento:
«Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones»
(Hech 2, 42)
«Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados»
(Rom 6, 17)
«Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error»
(Efe 4, 14)
«Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales»
(1ª Ti 6, 3-5)
«Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias»
(2ª Tim 4, 3)

Etc, etc.

Se puede hacer teología de dos maneras. Una, arrodillado y asido del Espíritu Santo, en fidelidad a la sana doctrina revelada por Dios, la de la Biblia, los Padres y Santos de la Iglesia, los Concilios, los Papas y todo el Magisterio. Otra, arrodillado ante el Baal del espíritu de este mundo, que busca justificar el pecado y que llama misericordia a algo que consiste en dejar al pecador en el engaño de que su pecado no es tal.

Hay gracia para ser fieles a la doctrina del Señor. Hay gracia para predicar la verdad. Hay gracia para combatir el error y la herejía. Hay gracia para llamar pecado a lo que es pecado. Hay gracia para que se nos conceda el verdadero arrepentimiento y se nos perdonen los pecados. Hay gracia para vencer el pecado en nuestras vidas y crecer en santidad. Y hay la promesa de Cristo de que las puertas del Hades, el humo de Satanás, no prevalecerán contra la Iglesia. Eso lo debemos saber todos. Desde el Papa hasta el último de los fieles. De hecho, por gracia lo sabemos. Y el que no lo sabe, es que ha rechazado la gracia y está perdido. O, como dice Cristo: “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto” (Ap 3, 1).




*   *   *


Preguntas para la reflexión personal y/o comunitaria:

1.- Enumere las doctrinas que explica el Cardenal Müller en su libro, según este artículo..

2.- ¿Es aceptable para un Católico separar a Cristo “Maestro” de Cristo “Pastor”? ¿Por qué?

3.- ¿Qué relación establece la Sagrada Escritura entre “sana doctrina” y “salvación”?

4.- ¿Cuántas maneras de hacer teología menciona el autor del artículo y en qué consiste cada una de ellas? ¿Cuál se corresponde con la verdad?

5.- Enumere algunos efectos de la “gracia de Dios”: tanto cuando es recibida y secundada como cuando es rechazada.


FVN





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