martes, 25 de diciembre de 2012

Mensaje de Navidad del Obispo de Mar del Plata

Mensaje de Navidad del Obispo de Mar del Plata
“Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres”
Mensaje de Navidad de Mons. Antonio Marino
24 de diciembre de 2012
En Navidad los hombres, aun los más alejados de la fe y de la práctica religiosa, suelen sentir nostalgia de familia y de amistad, de un mundo más humano y fraterno. Sin contradecir la dimensión familiar de esta fiesta, damos prioridad a su significado profundamente religioso. ¿Qué fiesta de nacimiento estaríamos celebrando, si no presentáramos un real homenaje al que ha nacido y a su Madre?
Desde los primeros siglos del cristianismo, la Navidad ha ido educando a los hombres. Miramos el pesebre y nos enternecemos al ver un niño frágil y pequeño como todos los niños. Pero con los ojos iluminados por la fe sabemos que Él es la fuerza capaz de levantar a este mundo de su decadencia, al pecador de su miseria, al hombre abatido de su desaliento. Es fuerte siendo débil. Viene a restituirnos la dignidad perdida. Viene para convencernos de que somos muy valiosos para Dios, por nuestro origen y por nuestro destino.
Se ha vuelto niño para que me anime a acercarme, para que lo reciba en mis brazos, para convencerme de la seriedad con que Dios nos dice que está a nuestra disposición y quiere servirnos. Con su balbuceo me pide que le haga un lugar en mi corazón. Nace pobre pero viene a enriquecerme. Sí, el Señor del universo viene a compartir nuestra pobre condición y se hace solidario de los pobres para regalarnos su riqueza.
El Salvador viene a este mundo sin hacer ruido, y elige para entrar en él los márgenes olvidados por los hombres y un lugar de pobreza. Sólo a Dios se le puede ocurrir elegir un pesebre como cuna. El pesebre es una especie de cajón donde comen animales, y no suele ser elegido como cuna para recostar a un niño. Pero entonces era todo lo que había. Dios no tiene mejor lenguaje para expresar su solidaridad con los pobres y marginados. ¿De qué mejor manera expresar que el pobre y marginado es un ser digno? A un hombre como José no le habrá faltado sentido práctico ni a María detalles maternales para rodear al recién nacido con el mayor decoro y gran decencia.
Lo más grande de la historia acontece en las apariencias más humildes. Con el nacimiento de Jesús, nuestra pobre condición humana se eleva a la más alta dignidad y en nuestro mundo puede nacer la esperanza cierta de un destino de gloria. Él viene para decirnos que nuestra identidad está en ser hijos de Dios y hermanos entre nosotros. Los primeros destinatarios son pastores pobres.
Si creemos esto, nuestra vida cambia, y este mundo mejora. Nuestro destino divino nos vuelve más humanos. Así la Navidad nos educa. Por eso, esta noche se juntan la glorificación de Dios y la del hombre. Los ángeles cantan: “Gloria a Dios en las alturas” (Lc 2, 14), pero respecto de los pastores, el evangelista nos dice que “la gloria del Señor los envolvió con su luz” (Lc 2, 9).
La luz que envolvió a los pastores en la noche de Belén, debe también iluminarnos y envolvernos a nosotros. Si miramos con los ojos de la fe este acontecimiento, la gloria del Señor nos transforma, la vida cotidiana se transfigura, la convivencia familiar se ennoblece, los vínculos sociales se reconstruyen con criterios de fraternidad. La Navidad debe volvernos capaces de superar desalientos y fracasos personales, familiares y sociales. Dios se acercó a nosotros y nos ofrece su paz: “¡Paz en la tierra a los hombres amados por Él” (Lc 2, 14).
Pongámosle nombre a nuestra pobreza personal y familiar. Quizás soledad, conflictos, enfermedad, fracasos; muerte de seres queridos, desencuentros y el drama doloroso de una separación. Y tantos otros nombres… ¿Quién no pasa por cosas semejantes? A veces hay vidas indeciblemente golpeadas. Si nos trasladamos a la vida social, a nadie se le ocultan los nombres de nuestra actual miseria: droga e inseguridad, desempleo y crispación social; muchos jóvenes que ni trabajan ni estudian. Aquí en Mar del Plata nuestro cinturón de indigencia y marginalidad. En el país, asistimos a gigantescos cambios culturales mediante leyes abiertamente contrarias a la ley divina y natural. Vemos el avance agresivo, que parece no tener límites, de una mentalidad llamada “progresista”, que excluye a Dios e influye negativamente en la mentalidad de los niños y los jóvenes.
Si hemos entendido el mensaje de la Nochebuena, no nos podemos desanimar. Antes bien, debemos decidirnos a mostrar nuestra fe en la encarnación del Hijo de Dios asimilando la lógica de la salvación. Debemos aprender a decir: este es mi pesebre, donde Cristo pobre quiere nacer; esta es nuestra pobreza, donde el Mesías y Señor quiere mostrar las maravillas de su poder; esta es nuestra indigencia donde el Espíritu Santo quiere formar a Cristo.
Con la bendición de este Obispo a sus familiares queridos, en especial a los niños y a los enfermos. ¡Feliz Navidad para todos!

+ ANTONIO MARINO
Obispo de Mar del Plata



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¡Madre de la Esperanza!
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Mensaje de Mons. Marino para el Tercer Domigo de Adviento:
  

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