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lunes, 8 de marzo de 2010

Acción y Contemplación para Ser como Cristo - Benedicto XVI

Acción y Contemplación para Ser como Cristo
Benedicto XVI


El Santo Padre se refirió, en esta Catequesis, a la Vida y Personalidad de San Buenaventura de Bagnoregio, Doctor de la Iglesia [I].


VATICANO, 03 Mar. 10 (ACI).- En la Catequesis de la Audiencia General de este miércoles, el Papa Benedicto XVI habló sobre San Buenaventura, una figura especialmente grata a él por los estudios que hizo en su juventud. De él, dijo el Santo Padre, se puede aprender la necesaria combinación entre Acción y Contemplación para Encarnar el Evangelio y Ser como Cristo.

El Papa explicó que Buenaventura nació hacia el año 1217 en la ciudad italiana de Bagnoregio y murió en 1274, fue uno de los grandes personajes que contribuyó a la "armonía entre fe y cultura" en la Europa del siglo XIII. Era "hombre de acción y contemplación, de profunda piedad y prudencia en el gobierno".

Bautizado con el nombre de Juan da Fidanza, una grave enfermedad en su juventud lo llevó a las puertas de la muerte. Su madre lo encomendó a Francisco de Asís, canonizado pocos años antes y Juan sanó. Ese hecho marcará toda su vida. Durante su formación en París, donde estudiaría Teología, decidió ingresar en un Convento Franciscano, tomando el nombre de Buenaventura. En los primeros años de vida religiosa destacó por su conocimiento de la Sagrada Escritura, de las Sentencias de Pedro Lombardo y de los más grandes Teólogos de su época.

"La perfección Evangélica" es la respuesta de Buenaventura a la polémica desatada contra las Órdenes Menores, de las que se ponía en entredicho el derecho a enseñar en las Universidades e incluso la autenticidad de su Vida Consagrada. En ese texto, el Santo demuestra "como las Órdenes Menores, especialmente los Frailes Menores, practicando los votos de pobreza, castidad y obediencia, seguían los consejos del mismo Evangelio", explicó el Santo Padre.

"Más allá de aquellas circunstancias históricas, la enseñanza de Buenaventura en su obra y su vida es siempre actual", resaltó el Santo Padre.

miércoles, 15 de julio de 2009

San Buenaventura [1218-1274] - Fray Juan Meseguer OFM

San Buenaventura
[1218-1274]
Fray Juan Meseguer, OFM


Hoy 15 de Julio celebramos la Festividad de san Buenaventura,
Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia.


San Buenaventura –Juan de Fidanza– nació en Bañorea (Bagnoreggio), pequeña ciudad italiana en las cercanías de Viterbo. Un hecho milagroso ilumina su niñez como prenuncio de lo que sería su vida. Estando gravemente enfermo, su atribulada madre lo encomendó y consagró a San Francisco de Asís, por cuya intercesión y méritos recuperó la salud. Llegado a los umbrales de la juventud se afilió a la Orden fundada por su bienhechor, atraído, según el mismo Santo confiesa, por el hermoso maridaje que entre la sencillez evangélica y la ciencia veía resplandecer en la Orden Franciscana. En las aulas de la Universidad de París, a la sazón lumbrera del saber, escuchó las lecciones de los mejores maestros de la época a la vez que atendía con ardoroso empeño a su formación espiritual en la escuela del Pobrecillo de Asís. Sus bellas cualidades de mente y corazón, perfeccionadas por la gracia, le atrajeron la simpatía y admiración de sus maestros y condiscípulos. Alejandro de Hales decía que parecía no haber pecado de Adán en Buenaventura. Durante un decenio enseñó en París con aplauso unánime. Y, cuando apenas contaba treinta y seis años, la Orden, reunida en Roma en Capítulo, le eligió por su Ministro General el 2 de febrero de 1257.

A lo largo de dieciocho años viajará incansable a través de Francia e Italia, llegando a Alemania por el norte, y por el sur a España; celebrará Capítulos Generales y Provinciales y proveerá con clarividencia a las necesidades de la Orden, para entonces extendida por todo el mundo antiguo conocido, en cuanto a la legislación y a los estudios, y sobre todo en cuanto a la observancia de la Regla, para la que señaló el justo término medio, equidistante del rigorismo intransigente y de la relajación condenable. Sus normas de gobierno son en lo substancial válidas aún hoy, después de siete siglos. Con toda razón puede llamársele en cierto sentido el segundo fundador de la Orden de Francisco de Asís, del que escribió, a petición de los Frailes, una biografía, modelo en el género por la serenidad crítica, amor filial y arte literario que la hermosean.

Predicaba con frecuencia impulsado de su celo por el bien de las almas. Papas y Reyes, como San Luis, Rey de Francia, Universidades, Corporaciones Eclesiásticas y especialmente Comunidades Religiosas de ambos sexos eran sus auditorios. Los Papas le distinguieron con su aprecio, consultándole en cuestiones graves del gobierno de la Iglesia. Gregorio X (1271-76), que por consejo del Santo había sido elevado al Sumo Pontificado, nombróle Cardenal, le Consagró Obispo él mismo y le retuvo a su lado para preparar el segundo Concilio Ecuménico de Lyón, en el que el Seráfico Doctor dirigió los debates y por su mano se realizó la unión de los griegos disidentes a la Iglesia de Roma. Fue el remate glorioso de una vida consagrada al bien de la Iglesia y de su Orden. Pocos días después, el 15 de julio de 1274, entregaba a Dios su bendita alma en medio de la consternación y tristeza del Concilio, que se había dejado ganar por el irresistible encanto de su personalidad y por la Santidad de su vida. El Papa mandó –caso único en la historia– que todos los Sacerdotes del mundo dijeran una Misa por su alma.


San Buenaventura, Doctor de la Iglesia


viernes, 23 de enero de 2009

Santo Tomás de Aquino - P. Leonardo Castellani


Santo Tomás de Aquino
P. Leonardo Castellani


Presentamos aquí el "anteprólogo" escrito por el R. P. Leonardo Castellani S.J. a su versión castellana de la "Summa Teológica" de Santo Tomás de Aquino, editada por el Club de Lectores en Buenos Aires allá por 1944. En estas líneas está pintado de cuerpo entero, no sólo el Angélico, que es su tema, sino también Castellani, que es su autor, con su incomparable y genial estilo, en estas páginas que a nuestro modesto juicio están entre las más hermosas que se han escrito sobre Santo Tomás. Y además, con la particularidad de haber firmado este texto en nuestra ciudad de Mar del Plata, Argentina.


Anteprólogo [1]


I. Razón de este trabajo

Viajando por nuestro país nombré una vez a Tomás de Aquino; y un compañero de tren me preguntó con toda seriedad si ese Aquino era de Corrientes. Porque, en efecto, Aquino es apellido correntino.

Se podía responder que no con una sonrisa. Pero también se puede responder con más profundidad aunque con menos sencillez: "Si señor, Tomás de Aquino es de Corrientes. No está en las listas del Senador Vidal. Pero fue uno de los maestros de San Martín y del Sargento Cabral".

Tomás de Aquino es de toda la Cristiandad entera, aun en sus rincones mesopotámicos, y sobre todo de esta cristiandad latina a que tenemos el honor y el riesgo de pertenecer. El Senador Vidal, como todo correntino, debe tener mucho de tomista sin saberlo, porque nadie puede sustraerse a una tradición secular. A través de la Orden de Predicadores, de las otras órdenes religiosas, de la Jerarquía católica, del clero secular y de los conquistadores, la Suma Teológica del Aquinense se instiló en el Nuevo Continente inspirando costumbres, leyes, actos de gobierno, hábitos mentales y maneras de hablar. "Es increíble la cantidad de latín que hay incluso en el lunfardo de un reo de la Boca y en la lengua turfística de un sportsman de Palermo" —ha dicho Eugenio D’Ors ("El Debate", Madrid, 20 de junio de 1934).

Esa lengua latina que impregna como un mantillo húmedo las raíces de nuestro romance castellano —y sin cuyo conocimiento al menos en las élites intelectuales nuestra lengua degenera necesariamente— fue rechazada de la enseñanza por los hombres del 84 sin que se pueda asignar para ese fenómeno hoy día ninguna razón perceptible; puesto que en esto no imitaron según su costumbre, ni a Francia ni a los Estados Unidos. De modo que la "Summa" del de Aquino, que está más honda en nuestra nacionalidad que los mismos Aquinos de Corrientes, fue sustraída en su texto original hace 60 años a la incipiente alta cultura argentina. ¡Y así le ha ido a ella desde entonces! Y ahora hay que traducirla como se pueda a la lengua vulgar. Paciencia. No hay mal que por bien no venga. Puede ser que sirva como instrumento de comunicación hispano-americana.

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