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martes, 25 de febrero de 2020

El Aborto No Será Obligatorio (¡Menos Mal!) - Mons. Héctor Aguer

El Aborto No Será Obligatorio
(¡Menos Mal!)
Mons. Héctor Aguer


Aguer es Arzobispo Emérito de la Arquidiócesis de La Plata, Argentina.


[InfoCatolica/FVN] 20/02/20.- «El tema de la legalización del aborto clandestino no quiere decir que el aborto se vuelva obligatorio. Es absolutamente legítimo y respetable que haya mujeres que no quieren abortar y no hay ningún problema con eso». En una reciente entrevista radial, el presidente de la Nación, Alberto Fernández, nos ha devuelto la “tranquilidad”: el aborto no será obligatorio en la Argentina.

Mejor aún: las mujeres embarazadas que deseen tener a su bebé, no serán inculpadas penalmente y merecen respeto. No existe expresión más feliz del «mundo al revés». El Dr. Fernández ha declarado impertérrito estas enormidades; por lo visto no teme hacer el ridículo. Además, en el mismo contexto, con el empaque propio de un jefe de Estado, comentó su entrevista -de igual a igual- con el Sumo Pontífice de la Iglesia a la cual dice pertenecer como hijo: «Respeto absolutamente la posición del Papa y de la Iglesia, pero no hablé con él de la cuestión del aborto. Cuando dos personas tienen una diferencia y un punto en común, yo prefiero hablar sobre los puntos en común». El Santo Padre tendría que agradecerle la delicadeza. Ya he observado, en otras intervenciones, que muchos políticos, entre los cuales hay que incluir al presidente, no se aplican a reflexionar acerca de qué es «eso» que se elimina mediante el aborto, y que va a parar a un tacho de residuos biológicos. Les molesta si afirmamos que se trata de un niño por nacer, cuya sangre, cuando el embarazo lleva algunas semanas, se mezcla con la de su madre en esa operación criminal. Vuelvo a citar, como lo hago invariablemente, la calificación que aplicó al aborto el Concilio Vaticano II: crimen abominable (Gaudium et spes, 51).

Los comentarios presidenciales no aludieron a la «misa peronista» de la que participó antes de la audiencia con Francisco, y a su escandalosa comunión eucarística «en pareja». Todo inexplicable para quien no se resigne a la curiosa originalidad del catolicismo argentino.

El embate oficial contra la auténtica dignidad del ser humano no se limita al caso del aborto. Los medios de comunicación han mostrado sonriente al Dr. Fernández, «emocionado», según dijo, encabezando el acto de entrega del Documento Nacional Trans de identidad número 9.000. Al respecto subrayó que la Ley de Identidad de Género, promulgada hace ocho años por la actual vicepresidente, «recompuso la vida de más de mil personas por año». Todo es igual, nada es mejor, como cantó Enrique Santos Discépolo en su inefable tango «Cambalache»; llora la Biblia junto a un calefón. Ya el presidente Macri se había jactado, hablando ante mujeres del G20, de que en la Argentina «rige transversalmente la perspectiva de género». El peronismo socialdemócrata y el denostado «neoliberalismo» del gobierno precedente comparten la misma carencia de principios fundados en una concepción integral de la persona humana, y de sus proyecciones familiares y sociales. Asumen ambos la corrupción moral que afecta a un Occidente descristianizado, y en consecuencia deshumanizado. Han perdido la noción metafísica de naturaleza, de orden natural, de ley natural; esta es contradicha por leyes que degradan la condición humana.

domingo, 1 de julio de 2018

La Libre Interrupción del Embarazo y las Banderas de la Burguesía [Incluye Video] - Mons. Héctor Aguer

La Libre Interrupción del Embarazo y las Banderas de la Burguesía
[Incluye Video]
Mons. Héctor Aguer


Aguer es Académico de Número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas y Arzobispo Emérito de La Plata (Argentina).


El presidente está orgulloso de haber habilitado sobre el aborto “un debate histórico, propio de la democracia”, e invitó a “dirimir las diferencias con respeto”. Los diputados han dado media sanción a una ley que legitima el “crimen abominable”. Esta terrible expresión no es de mi autoría; se encuentra en la Constitución Pastoral “Gaudium et spes” (n. 51) del Concilio Vaticano II. Se ha semi-consumado una “estafa moral”, como bien dijo el Padre Pepe Di Paola, ya que la propuesta no figuraba en las plataformas de la coalición gobernante. Se puede sospechar, además, que “corrió guita”. En efecto, los diputados pampeanos obedecieron la orden del gobernador de su provincia de aprobar el proyecto abortista, y ese mismo día el Gobierno nacional depositó una fuerte suma (900 millones) que debía a La Pampa. ¿No tendrá nada que ver el asunto con el FMI? Es tradición de los organismos internacionales de crédito condicionar la ayuda financiera a la adopción de medidas antinatalistas. Lo mismo supo hacer Estados Unidos; basta recordar el célebre Informe Kissinger. Nuestro presidente ya había anunciado que si el proyecto que acaba de pasar al Senado se convierte en ley, no la vetará. En 2008, el presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, vetó la ley abortista sancionada por los congresales de aquel país; claro, el oriental es médico, no empresario. Nuestro empresario vetó la ley que retrotraía a índices más razonables las tarifas de los servicios públicos, para dejar bien ajustado el cinturón que asfixia a la pobre gente.

Diálogo, búsqueda de acuerdos, “dirimir las diferencias con respeto”. La primera cuestión a discutir es de carácter científico. Los estudios de genética y embriología del siglo XX dejan en claro que el fruto de la concepción, desde el primer instante, es un ser humano, aun antes de la anidación en el seno materno; es una minúscula personita con un ADN distinto del de sus progenitores, y ya desde entonces es xx o xy. La mujer es dueña de su cuerpo, pero lo que se ha formado en ella no es un apéndice de su cuerpo; no tiene derecho, ni ella ni nadie a eliminarlo, sino que debe ser protegido, cuidado, para que llegue a ver la luz del sol y alcance la meta de su plena realización.

La certeza científica va acompañada de otra de carácter filosófico: un principio de acción guía internamente el crecimiento y la organización del nuevo ser. Platón escribió en su “Fedro”: “desde dentro se mueve de por sí”. Es la forma, el alma del compuesto humano que se ha de manifestar progresivamente como principio de conocimiento, conciencia y voluntad. La búsqueda de acuerdos consiste en dirimir esta diferencia: ¿lo matamos o no?

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