Una historia real
Tom era un pentecostal que buscaba más de Cristo
C.L. / ReL.- Si Benedicto XVI insistió tanto en la belleza como camino para encontrar a Dios, es por casos como el de Tom. Así bautiza Dwight Longenecker, para cubrir su anonimato, a uno de sus feligreses de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Greenville (Carolina del Sur, Estados Unidos), al ofrecer en su blog el testimonio de su conversión (http://www.patheos.com/blogs/standingonmyhead/2013/11/converted-by-beauty-a-true-story.html).
Una vida en caída libre
"Convertido por la belleza" se titula el post donde, en forma de carta al padre Longenecker (él mismo converso desde el evangelismo y el anglicanismo), Tom explica que cuando llegó a Greenville su vida "era un desastre": "Mi matrimonio se acababa de romper y acabé en vuestra ciudad. Me había criado en una iglesia pentecostal rural, pero a mi mediana edad eso, sencillamente, ya no funcionaba. Buscaba algo más, un camino para reencontrar a Cristo".
Pero su perspectiva era algo deprimente. Vivía, explica, en una habitación alquilada en los bajos de un edificio de apartamentos, un cuarto de nueve metros cuadrados con un baño, unido a un cuarto de estar que compartía con la familia de los dos pisos de arriba: "Tenía un cartel de Silencio que colgaba en la puerta por la noche para que los otros estuviesen callados. Era mejor que nada, pero vivía solo... y en soledad".
Redecoró su vida... y su cuarto
"Hasta que hizo su entrada la belleza", continúa Tom, "ese tipo de belleza a la que se refiere el padre Robert Barron" -sacerdote norteamericano que difunde el catolicismo mediante vídeos y nuevas tecnologías- "cuando habla de evangelizar a través de la belleza".
